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Las nuevas parejas del siglo XXI: ensambladas

máster terapia de parejas

Parejas ensambladas: provienen de uno o varios divorcios, aportan los hijos de matrimonios anteriores y son cada vez más frecuente debido al auge de las rupturas.

En el imaginario colectivo a las familias ensambladas se las conocen con la expresión “los tuyos, los míos, los nuestros”. Estas familias se caracterizan porque tanto el marido como la mujer ya estuvieron casados y tienen hijos de esos matrimonios previos, o bien, un cónyuge está divorciado y tiene hijos, pero el otro nunca se casó ni tiene hijos.

A diferencia de las familias tradicionales, en las ensambladas hay más personajes en juego, más intereses en pugna y obviamente más conflictos que surgen en relación a la identidad que logran formar cada una de ellas.

Tanto los adultos como los niños pueden sentirse confundidos, enojados, abrumados, inseguros, ansiosos y desilusionados. Para evitar este tipo de sentimientos es imprescindible que los mayores puedan pactar acuerdos para establecer con qué cuentan y qué deben tener que sacrificar con la decisión que están tomando.

El punto fuerte de este tipo de familias radica en la experiencia previa de convivencia de cada uno de los miembros de la pareja, quienes en esta nueva oportunidad de rehacer su vida y la de su familia, tomarán en cuenta errores anteriores y además, aplicaran nuevas estrategias para preservar la armonía y paz en el hogar. Sin embargo, este tipo de parejas se enfrentar con algunas situaciones difíciles con las que llegan a consulta, tales como:

  • Expectativas ilusorias de armonía instantánea entre personas que  no se han elegido y casi no se conocen.
  • Dificultad en uno o ambos miembros de la pareja para separar a su ex cónyuge de su función parental y reconocerlo en su individualidad.
  • Luego de un divorcio o viudez, el padre conviviente fortalece su relación con los hijos y como consecuencia de esto la nueva pareja siente que no ocupa el primer lugar para su nuevo cónyuge, que primero están los hijos.
  • Sensación de no-lugar o lugar no deseado en la nueva pareja, en especial con los hijos y familias de origen de su pareja.
  • Dificultad para expresar abiertamente los sentimientos, por miedo a perder al otro de la relación.
  • La coexistencia de modelos tradicionales con nuevas formas de pensar las relaciones de pareja y familiares (en lo financiero, la convivencia, las normas, la educación, los roles adquiridos, etc.) produce incertidumbre y dolor en las relaciones interpersonales, lo que carga la relación de conceptos como ambigüedad, ambivalencia, culpa o sentimientos de exclusión.

 

Etapas de las parejas ensambladas

Estas parejas suelen transitar por varias etapas que van desde la confusión, la frustración, la negociación, hasta llegar a la estabilización y el compromiso. La clave para que estas parejas funcionen parte de los acuerdos previos entre ambos miembros, la negociación y el presentarse ante los hijos como una unidad. Es por ello que los cambios o ajustes en la nueva familia ensamblada, deben realizarse de forma gradual y consensuada, haciendo partícipes a los niños y explicando el nuevo funcionamiento del hogar.

Integrar dos familias para dar origen a una nueva demanda una actitud generosa por parte de sus componentes, pues ya no estaríamos hablando solamente del amor de una pareja, sino que esos dos adultos son responsables de cultivar un amor aún más amplio que también impregne a aquellos pequeños que, aunque no sean hijos “propios”, tienen derecho a sentirse en su hogar.

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