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ISEP se une a la RUEPEP

ruepep

ISEP, Instituto Superior de Estudios Psicológicos, se estrena como socio de la Red Universitaria de Estudios de Postgrado y Educación Permanente (RUEPEP), que aglutina a 64 miembros entre universidades e instituciones de formación superior de España. La red tiene entre sus objetivos promover el contacto entre las universidades españolas en las temáticas relacionadas con los estudios de postgrado y formación permanente, tanto desde el punto de vista académico como el de su gestión especializada, así como potenciar el intercambio de experiencias e información entre sus miembros.

Con esta alianza ISEP pretende ampliar sus lazos de colaboración y seguir aportando al desarrollo de la formación de máster y posgrado, desde su amplia experiencia de más de 30 años en los ámbitos de la psicología, la neuropsicología, la educación y la logopedia.

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Atención psicológica a la familia en las demencias y enfermedad del Alzheimer

máster envejecimiento y demencias

Las demencias y como característica de ellas, la enfermedad del Alzheimer, presentan particularidades propias como son: larga duración de la enfermedad, el carácter inquietante y extraño del síntoma demencial, el progresivo deterioro de las funciones mentales y psíquicas con la consecuente dependencia por parte del afectado, y el largo periodo de suministro de cuidados y atenciones que precisa la persona enferma, que hacen de la demencia una forma nueva y muy articular de pérdida de la salud (Petit, Gaya y Casals, 2004).

El sistema familiar del afectado, lucha para mantener un estado de equilibrio, lo consigue tomando medidas oportunas para adaptarse a nuevas situaciones y también resolviendo los problemas que se van presentando en el día a día cuando dichas pautas adaptativas no son suficientes o no son adecuadas, el sistema se desequilibra y su funcionamiento se deteriora, lo que conlleva a las crisis familiares (Petit, Gaya y Casals, 2004).

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Cerebro en vigilia y en sueño ¿Diferencias?

Máster en neuropsicología

El ciclo de sueño completo toma un promedio de 90 a 110 minutos. Hay dos tipos diferentes de sueño: NREM (No REM, no movimientos oculares rápidos), que contempla tres etapas, y el sueño REM (Movimientos oculares rápidos).

El sueño NREM es el primer tipo de sueño al que entramos cada vez que dormimos. Sus tres etapas, van desde la más superficial hasta la etapa del sueño más profundo. La mayor parte de nuestro tiempo de sueño se pasa aquí y representa el 75 % del sueño de los adultos.

La primera etapa del NREM se da a partir del momento en que nos dormimos. El cerebro empieza a prepararse para el sueño profundo; los músculos se relajan y la respiración se vuelve lenta y constante; es un sueño muy ligero. Si nos despertamos en este momento, puede que ni siquiera sepamos que habíamos estado durmiendo; de hecho, las personas que pasan largos periodos de tiempo en esta etapa del sueño, suelen afirmar que han dormido mucho menos tiempo de lo que en realidad pasó. Sin embargo, se sienten como si hubieran dormido mucho menos que si lo hubieran hecho en la fase del sueño profundo.

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El olvido, ¿un proceso voluntario?

máster neuropsicología

Suele pasar que deseamos olvidar aquel suceso que nos ha dejado un recuerdo desagradable, vergonzoso o doloroso.

De hecho, un grupo de neurocientíficos de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, ha demostrado que los seres humanos utilizan dos procesos para olvidar: la supresión y la sustitución, y que el cerebro trabaja de formas diferentes en cada caso (Benoit y Anderson, 2012).

Según Roland Benoit, se trata de dos mecanismos diferentes que producen el olvido: “el primero obstaculiza el proceso de recuperación de recuerdos y el segundo permite suplir los sucesos desagradables por otros” (2012). De hecho, son dos maneras contrarias en que el cerebro nos permite olvidar volitivamente recuerdos no deseados.

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Conectoma: la red de autopistas del cerebro

Máster neuropsicología

Desde el siglo XIX se ha especulado que los recuerdos e información que nos define, así como otros aspectos de la identidad personal como el intelecto y la personalidad, están almacenados en las conexiones interneuronales.

El profesor Sebastian Seung, catedrático de neurociencia del Massachusetts Institute of Technology, plantea la hipótesis de que “somos mucho más que nuestros genes”, ya que lo que nos hace únicos es el sistema de conexión interneuronal (conectoma) (Seung, 2010). A partir del 2009, el proyecto “conectoma humano” ha ido desarrollando una investigación neurocientífica con la finalidad de realizar un mapeo integral del cerebro para obtener datos sobre la organización de sus conexiones estructurales y la estructura de dinámicas funcionales. En un primer momento, se realizaron estudios basados en cerebros sanos, sin embargo, en los últimos años, dichos estudios se han extendido al análisis de cerebros “patológicos”, por lo cual, se han ido elaborando hipótesis sobre algunos trastornos neuropsiquiátricos como, por ejemplo, la esquizofrenia, dislexiaautismoenfermedad de Alzheimer (Vilatta y Moreno, 2015).

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Neuroeducación: Estimulación táctil y TDAH

Máster en neuroeducación

Ya es bien sabido que la neuroplasticidad cerebral parte de la estimulación ambiental, con lo cual, una falta de estimulación conlleva, lógicamente, un déficit como consecuencia de la hipofuncionalidad cerebral. En el caso del trastorno de déficit de atención (TDA-TDAH) existe una hipofuncionalidad de la corteza prefrontal, la cual se encarga de la función ejecutiva: cómo planificar una acción, iniciarla, regular si se está haciendo mal o bien, darse cuenta de los errores y corregirlos, ver si se está siguiendo un plan, evitar distracciones por estímulos irrelevantes, rechazar interferencias, ser flexible si las circunstancias cambian, y ser capaz de acabar una acción iniciada. Por ello, cuando observamos a niños con TDA-TDAH detectamos que comenten errores en estas áreas y presentan dificultades a la hora de realizar la mayoría de estas acciones.

Estudios recientes en neuroeducación han detectado que el lóbulo parietal que tiene un papel en el procesamiento de la información sensorial y el cerebelo, asociado al movimiento, también pueden estar implicados el TDAH.

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Trabajo manual y su influencia en la memoria y el estado de ánimo

máster neuroeducación

En la década de 1950, el neurocirujano Wilder Penfield comprobó que una de las tareas más complejas para nuestro cerebro y que implicaba más áreas del mismo era precisamente el movimiento del pulgar. Años después, la tecnología PET (tomogragía de emisión de protones) ha demostrado que cuando escribimos, tejemos una bufanda o montamos un mueble, activamos varias zonas del cerebro distantes y no solo las relacionadas con el movimiento, sino también con las áreas visuales y auditivas, lo que ayuda a que recordemos y aprendamos mejor lo que estamos haciendo o escuchando. Por ello, fijamos mejor en la memoria aquello que escribimos que lo que tecleamos en el móvil o en un teclado (Romo, 2014). La investigación y formación en neuroeducación o neuroaprendizaje está en auge: comprender nuestro cerebro no solo nos ayuda a nivel psicológico o médico, sino que optimizará nuestros procesos de aprendizaje.

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Neurodidática, eje de cambio en el paradigma educativo

máster neuroeducación

La neurodidáctica es una disciplina reciente que surge a partir de los avances de la neurociencia. Se encarga del estudio de las bases cerebrales de los procesos de enseñanza y aprendizaje para impulsar este último en función del potencial de cada individuo (Rodríguez, 2015).

En este sentido, al conocer las estructuras cerebrales implicadas en los procesos de aprendizaje, los profesores pueden convertirse dentro del aula en entrenadores de las respectivas funciones mentales para que estás favorezcan el aprendizaje de los alumnos. Con este objetivo ISEP ha diseñado el Máster en Neuroeducación y Optimización de Capacidades.

Los principios básicos de la neurodidáctica se basan en las siguientes premisas (Rodríguez, 2015):

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El papel del neuropsicólogo en la esclerosis múltiple

master neurorehabilitación

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad crónica y autoinmune del sistema nervioso central que afecta a la mielina o materia blanca del cerebro y de la médula espinal, provocando la aparición de placas escleróticas que impiden el funcionamiento normal de esas fibras nerviosas. Está presente en adultos jóvenes, siendo la edad media de aparición es 29-33 años, pero la gama de edades es muy amplia, aproximadamente desde los 10 a los 59 años y se da con más frecuencia (más del doble) en mujeres que en hombres.

Para dar un diagnóstico de EM se necesitan varios procedimientos, que comprenden las siguientes exploraciones: a) Historia clínica, b) Reconocimiento neurológico, c) Pruebas de potenciales evocados auditivos y visuales, d) Imágenes por resonancia magnética nuclear y e) Punción lumbar

Los síntomas agudos de la EM pueden controlarse con la administración durante breves períodos de corticosteroides como la prednisona o la metilprednisolona. Un tratamiento relativamente reciente, el interferón beta en inyecciones, reduce la frecuencia de las recidivas. Otros tratamientos prometedores, todavía en investigación, consisten en otros interferones, mielina oral y copolímero 1, que ayudarán a evitar que el organismo ataque a su propia mielina.

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El cerebro como órgano plástico

máster en neuroeducación

Hace unos años se creía que nuestro cerebro era estático e inalterable, que nacíamos con un número determinado de neuronas que iban perdiéndose con el paso del tiempo y que nuestros genes heredados condicionaban nuestra inteligencia. Hoy en día, y gracias a los avances de la neurociencia, sabemos que existe la neuroplasticidad, una propiedad del sistema nervioso que le permite adaptarse continuamente a las experiencias vitales. Nuestro cerebro es excepcionalmente plástico, pudiéndose adaptar su actividad y cambiar su estructura de forma significativa a lo largo de la vida.

La experiencia modifica nuestro cerebro continuamente, fortaleciendo o debilitando las sinapsis que conectan las neuronas, por lo que estamos en continuo aprendizaje. Este hecho permite que independientemente del declive natural que conlleva la vejez, el aprendizaje se puede producir a cualquier edad, generando nuevas neuronas, razón por la cual nuestra inteligencia no es fija ni inmutable (Guillén, 2012).

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