Blog de ISEP

Intencionalidad en la mentira: comparación entre victimización y simulación

Intencionalidad en la mentira: comparación entre victimización y simulación

La mentira toma un matiz peculiar cuando se da en contexto forense, se suponen pocos motivos más allá de la vergüenza o el orgullo para mentir a un psicólogo, pero en el caso que nos ocupa hay muchos más. Cuando te enfrentas a una situación legal, ya sea civil o penal, hay ciertos intereses que se quieren preservar que son diferentes a aquellos encontrados en situación clínica. Cuando se va a terapia, se supone, que se va de manera voluntaria para mejorar o para aliviarse y que el psicólogo clínico está ahí para esto mismo, ayudarte en tu camino, darte las herramientas necesarias para esta evolución.

En cambio, en el ámbito forense la mejora de tu salud mental no es el objetivo, puede que esté en juego alguna indemnización monetaria, poder ver a tus hijos más tiempo o menos, o incluso tu propia libertad individual. Es por este mismo motivo que los individuos sometidos a peritajes suelen ser más propensos a mentir, encubrir o exagerar sobre ciertos aspectos de su vida para conseguir lo que quieren, en definitiva, tienen algún incentivo externo para mentir intencionadamente.

Aspectos como estos son los que vivimos en clase cuando entramos en los debates del Máster en Psicología Forense. Saber distinguir la sinceridad de la falsedad no es tarea fácil. Si por lo que sea estas buscando ampliar tus conocimientos en este campo, y buscas formación, puedes hacer clic aquí para ver más información del máster.

Mentira por Victimización vs. Mentira por Simulación: Diferencias clave

No todas las mentiras son iguales y los motivos que encuentra la gente para mentir son demasiados para redactar aquí, así que destacaremos sólo dos: la simulación y la victimización, entidades que a primera vista pueden parecer similares, pero como suele pasar mucho en psicología forense las cosas raramente son lo que parecen.

La simulación es bien conocida en psicología forense al ser, junto con la disimulación, la actitud más propensa a aparecer en los individuos sometidos a este tipo de evaluación. Independientemente de su tendencia de aparición, la simulación consiste en aparentar, mediante fingimiento de síntomas, una enfermedad mental o cuadro clínico. Comúnmente se lleva a cabo para obtener algún beneficio, como en el caso de las indemnizaciones, o para evitar o reducir una sentencia penal.
Cuando cualquiera de estas circunstancias se dé en el momento de la evaluación forense, el profesional deberá de ser muy minucioso con su valoración pericial. Estas circunstancias son esenciales para entender las diferencias con la victimización, puesto que, por norma general este comportamiento falseador solo aparece cuando se encuentra en este tipo de situaciones, a diferencia de la victimización, que es de orden más estable.

Antes de empezar a pronunciarnos sobre la victimización hace falta aclarar que este término puede referirse, en psicología al menos, a dos situaciones diferentes.

  1. La victimización en el ámbito de la psicología jurídica es el proceso por el cual una persona se convierte en víctima, al ser el objeto de un delito o estar inmerso en una situación traumática. Esta acepción, aunque existente, no es la que nos interesa en este artículo, la victimización que trataremos aquí se estudia desde el ámbito de la psicología comportamental.
  2. La victimización que nos concierne -también llamada victimismo– en comparación con la simulación, es más estable en el tiempo, esto viene a decir que no se da por una situación de aprovechamiento ni de evitación del daño circunstancial, sino que es más intrínseco de la persona y de su manera de ser y de relacionarse.

Está categorizado por algunos profesionales dentro del trastorno paranoide de la personalidad, al tratarse de una serie de esquemas cognitivos y patrones de conducta disruptivos, estables en el tiempo y que perjudican las relaciones interpersonales del sujeto que lo sufre, cumpliendo así una gran cantidad de requerimientos para ser considerado un trastorno de la personalidad.

Los esquemas cognitivos que presentan estos sujetos son parecidos a los del trastorno paranoide de la personalidad, ya que se sienten hostigados, perseguidos y acosados por todos, cualquier crítica, por constructiva y asertiva que sea la determinan como un ataque personal y carecen de un locus de control interno, rechazando así cualquier tipo de responsabilidad de sus actos.

Diferencia entre victimización y simulación

La principal diferencia y lo que el profesional ha de tener en cuenta a la hora de diferenciar entre victimización y simulación es que la persona se encuentre en una situación en la que pueda valerse de una mentira para conseguir beneficio o para eludir un daño. Eso sí, si es el caso y es complicado diferenciar entre victimista y simulador, debería valerse del conocimiento del sujeto previo a esta situación, así como del comportamiento y la manera de hacer y relacionarse en el momento actual, ya que podría dar algunos indicios de si estamos tratando con una tipología u otra.

La persona victimista podría parecer más confrontacionista con la evaluación forense, mostrándose más a la defensiva y atacando al profesional de manera personal, también podría parecer una persona con rasgos de megalomanía, egocentrismo y una notable falta de autocrítica.

En cambio, la persona simuladora, se centrará única y exclusivamente en el tema que les atañe, intentará hablar lo menos posible de aquello que está simulando, dando información vaga y simple sobre los síntomas que está fingiendo o exagerando, para no caer en contradicciones ni incoherencias en su relato.

Evaluación y manejo clínico de la mentira

No existe como tal una psicología de la mentira y, aunque haya literatura al respecto, esta no es lo suficientemente amplia y variada para ser considerada una entidad propia. Esto tampoco significa que estemos desprotegidos ante la manipulación de los demás, puesto que contamos con herramientas para evaluar esta mentira.

Las impresiones clínicas de los profesionales, aunque útiles, no lo son todo en psicología, pueden orientarnos a un diagnóstico o a utilizar determinadas herramientas antes que otras, pero para asistir al trabajo evaluativo tenemos que hacer uso de herramientas psicométricas, ya que nos proporcionan una información más objetiva de la situación. Empezando con las pruebas psicométricas más utilizadas en psicología forense, el MCMI-III, el MCMI-IV y el MMPI-2, tenemos un total de 6 escalas o índices que nos pueden indicar, objetivamente si la persona se intenta desvalorizar o depreciar. Estas escalas son las siguientes: del MCMI-III y el MCMI-IV el Índice de Devaluación (Z) y del MMPI-2 las escalas Infrecuencia (F), F posterior (Fb), Psicopatología infrecuente (Fp), Validez de los síntomas (FBS) y Sesgo de respuesta (RBS). La realización de estas pruebas, junto con las impresiones clínicas de las sesiones, nos deberían dar una idea general sobre si esa persona está siendo sincera o no. En el supuesto caso de llegar a la realización de que efectivamente, esa persona no está siendo honesta, jamás se debería encarar a esa persona con esa información, puesto que solo conseguiríamos que se cerrara en sí mismo, impidiendo así recabar más información. Se debería proseguir como si nada, sin dejar que nos afecte a nivel personal y sin perder la cordialidad profesional que requiere nuestro trabajo.

Sin embargo no es suficiente conocer estas herramientas, sino que es vital saber entenderlas en profundidad y sobre todo manejarlas sobre el terreno. Si te interesa el campo de la psicología forense y puede que este buscando fomarte para especializarte en este campo, te invito a que consultes el Máster en Psicología Forense que impartimos en ISEP. Puedes ampliar la información aquí.

¡Más información aquí!

Avatar de Axel Jimenez

Acerca del autor:

Axel Jimenez

Ver todas las entradas por Axel Jimenez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *