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La Vigorexia como trastorno dismórfico corporal (TDC)

Vigorexia Isep Máster Psicología Clínica y de la salud

La vigorexia se ha convertido en un “clásico”. Todos los años comprobamos como meses antes del comienzo del periodo estival el marketing textil, estético, dietético y deportivo aumenta exponencialmente, coincidiendo con la preocupación de muchas personas por lucir un cuerpo de acuerdo a los cánones estipulados de belleza. Este hecho, en principio, no es algo nocivo, e incluso puede producir un efecto beneficioso al impulsarnos a cuidar nuestra dieta y aumentar nuestro ejercicio físico.

Pero ¿qué ocurre cuando estas prácticas, en principio saludables, desembocan en serias distorsiones de percepción? Se puede llegar a desarrollar vigorexia, un patrón que como veremos acumula una variedad muy concreta de síntomas siendo el principal la preocupación por la imagen corporal. Entrando en una dinámica obsesiva por desarrollar un determinado desarrollo muscular en hombres, y no a la delgadez, aspecto que sin embargo sí destaca en mujeres (Leit et al 2002). En este sentido es alarmante la falta de conciencia social fuera de ámbitos sanitarios sobre el problema, ya que vemos que se realizan campañas para criticar la presión al modelo femenino y advertir sobre sus consecuencias patológicas (Anorexia y Bulimia nerviosa) pero prácticamente no hay acción respecto al modelo masculino.

La Vigorexia: Caracteristicas

A falta de una clasificación más definitiva, donde mejor podríamos categorizar a la vigorexia  sería cerca de los trastornos dismórficos corporales (DSM-IV-TR) ya que solapa con los criterios propuestos, como la preocupación por un defecto imaginado en el aspecto físico, siendo dicha preocupación claramente excesiva y provocando un malestar clínicamente significativo.

Los individuos vigoréxicos no perciben el tamaño y la forma de su cuerpo correctamente, aspectos que comparten con trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia y la bulimia nerviosa.

Asimismo también podríamos tomar pautas características de los trastornos obsesivo-compulsivos, puesto que los sujetos afectados se embarcan en sesiones maratonianas de ejercicio, generalmente en gimnasios, principalmente de tipo anaeróbico. Estas conductas compulsivas las realizan con objeto de reducir el malestar o prevenir acontecimientos negativos (Andres, Lazaro,Canalda y Boget 2002).

La Vigorexia y sus perfiles de riesgo

El perfil de predisposición al desarrollo de vigorexia más común es el de un varón entre los 18 y los 35 años de edad, inserto en una sociedad con culto al cuerpo, que muestra tendencias obsesivo-compulsivas o adictivas, y que ha tenido antecedentes de experiencias negativas con respecto a su cuerpo o su apariencia, y que acarrea una baja autoestima.

El patrón vigoréxico se verá sostenido y sustentado por el refuerzo social siendo psicológicamente central el efecto de reforzamiento negativo que produce el escape de los pensamientos obsesivos (Toro y Vilardell 1987). Respecto al aspecto social sabemos que el acceso al ambiente culturista facilita caer en este trastorno, ya que los participantes de estos grupos manifiestan más insatisfacción corporal respecto a otros deportistas no dedicados a actividades halterofílicas, y padecen más alteraciones de la conducta alimentaria y preocupación por la dieta (Goldfield, Harper y Blounin 1998).

En cuanto a la detección y valoración del grado de interferencia del trastorno en la vida del sujeto, resulta de especial interés el uso de la Adaptación del Body Dysmorphic Disorder Examination (BDDE)  adaptado de J.C.Rosen por R.M.Raich en España.

El peligro de los anabolizantes y la Vigorexia

Un peligro característico de este trastorno es el uso de sustancias ilegales con objeto de aumentar rápidamente la masa muscular. Este consumo conlleva serias consecuencias para la salud física, como la hipertensión arterial, el aumento del riesgo de sufrir un accidente cardíaco; el cáncer de hígado; la mayor probabilidad de contagio por VIH o hepatitis por el uso compartido de jeringuillas; la debilidad de tendones y la paralización del crecimiento óseo.

Tampoco debemos olvidar los efectos graves en la salud mental, entre los que destacan las tendencias suicidas, la manía, los delirios y la agresividad.

El patrón vigoréxico: Señales de alarma

Concluimos finalmente con unos breves puntos que pueden indicar la existencia de este trastorno, siempre subordinados a una supervisión médica por sus potenciales efectos citados en el apartado anterior, y naturalmente a la intervención psicológica, que resultará fundamental para reestructurar cognitivamente al sujeto y disminuir su distorsión perceptual, resultando muy deseable la colaboración multidisciplinar en el correcto abordaje del cuadro vigorexico, las señales son las siguientes:

-Aislamiento social reflejado en la pérdida de pareja, amigos, relaciones con familiares, debido al comportamiento extremo y la dedicación al entrenamiento.

-Excesiva dedicación temporal. Pivotan toda su vida en torno al entrenamiento sin ser profesionales del ramo.

-Marcados cambios de humor y altibajos psicológicos sin causa aparente.

-Insatisfacción permanente con la figura corporal. Imposibilidad de verse como es. Uso de ropa especial y evitación de situaciones en las que se pueda ver su cuerpo.

-Abuso de sustancias para mejorar su cuerpo, no nos referimos a meros suplementos sino a sustancias ergogénicas como los esteroides. Esto suele correlacionar con problemas económicos, legales y de salud.

Por último es fundamental recordar que se trata de un trastorno complejo, multicausal y que probablemente arrastre otros deficits, no debemos sobresimplificar la observación con etiquetas ingenuas, por ejemplo no hay un límite temporal definido, se puede ser muy sano pasando medio día en el gimnasio o ser vigoréxico dedicándole unas horas al dia. Se debe realizar una valoración global y recurrir siempre al juicio clínico profesional.

Este trastorno y muchos otros, son estudiados en el Master en Psicología Clínica y de la Salud.

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