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El “no-diagnóstico” en consulta

master terapias de tercera generacion

Como psicólogos buscamos siempre el bienestar de nuestros pacientes. Para ello hacemos psicoterapia y diseñamos un tratamiento acorde con sus necesidades y con los objetivos que nos hemos planteado. Se hacen test y entrevistas de evaluación y en general buscamos sacar un diagnóstico para empezar a trabajar. Pero muchas veces en la práctica clínica nos encontramos con que los diagnósticos no aplican, bien sea porque no hay uno definido o porque los criterios no se cumplen en su totalidad.

Cuando trabajamos con criterios diagnósticos, no podemos dejar de lado manuales como el DSM (en su versión actualizada), ya que se trata de una herramienta fundamental para la clasificación de los trastornos mentales y para la comunicación entre profesionales, pero en la práctica puede presentar algunos inconvenientes. Las conductas son presentadas como síntomas de alguna enfermedad, lo que deriva en explicaciones circulares del comportamiento: hay presencia de trastorno pues hay determinadas conductas y esas conductas existen pues hay un determinado trastorno. Asimismo, deja de lado las relaciones funcionales de la conducta y esto no permite que podamos hacer una modificación en los patrones, ya que no se conocen las contingencias (el contexto, de vital importancia para el paciente, no está siendo tenido en cuenta).

En muchas ocasiones también se pueden ver refuerzos sociales cuando se asocia a un síntoma, y se refuerza la idea de enfermedad. Esto puede incluso ser contraproducente en terapia. Recuerdo el caso de un paciente que vino por su excesiva preocupación por la salud y por contraer alguna enfermedad: ponerle un diagnóstico sería reforzar su idea de que si estaba enfermo y debía ser tratado. Con esto no se quiere decir que los manuales no sean útiles, si lo son y son importantes, pero de cara a la terapia se puede trabajar desde un enfoque integrador (con todas las áreas y el contexto del paciente) y sin necesidad de estar eliminando síntomas, cómo se puede trabajar en la Terapia de Aceptación y Compromiso, cuya idea de salud mental recae en el concepto de flexibilidad psicológica. Trabajar sin diagnósticos cerrados permite tener flexibilidad en la terapia y un acercamiento más profundo a la realidad del paciente y a tener en cuenta que muchas problemáticas no suponen superar una serie de síntomas, sino por el contrario aprender a vivir con aquello que nos genera malestar sin que ese malestar interfiera con nuestra capacidad de disfrutar de la vida. Si trabajamos sin este tipo de diagnósticos, tendremos que tener especial cuidado con el análisis funcional, ya que es este el que nos dará la base para entender el grado de interferencia del malestar en la vida de la persona y la función que están cumpliendo sus conductas en la consecución de sus objetivos, permite ver cómo integra el sufrimiento en su vida. Es esto lo que nos permitirá intervenir y modificar aquello que no le está permitiendo vivir de la manera que desea.

Trabajar de esta manera depende las necesidades de cada terapeuta y de cómo desee llevar a cabo su terapia, pero siempre en pro del bienestar emocional de nuestros pacientes. Para saber más sobre diferentes aproximaciones terapéuticas, ISEP te ofrece el Máster en Terapias de Tercera Generación y Aplicación de las Nuevas Tecnologías y el Máster en Psicoterapia del Bienestar Emocional.

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