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Entrevistas con expertos: Mª Ángeles Pérez Chamizo

Entrevistas con expertos: Mª Ángeles Pérez Chamizo

Presentamos una nueva entrega de “Entrevistas con expertos“. En esta ocasión, hemos tenido el placer de hablar sobre el estrés y cómo gestionarlo tanto de forma individual como colectiva con Mª Ángeles Pérez Chamizo, psicóloga y profesora del Máster en Neuromanagement y Gestión del Talento de ISEP.

¿Qué es el estrés?

El estrés es un proceso que ponemos en marcha cuando percibimos una amenaza o una situación que requiere de una respuesta por nuestra parte y en la que vemos que en ese momento no tenemos los recursos necesarios.

En principio, se trata de una respuesta adaptativa y el problema surge cuando el estrés se mantiene en el tiempo de forma continuada llegando a producir alteraciones en todo nuestro sistema neuroendocrino, nuestro sistema fisiológico y a nivel emocional.

¿Cuáles son las bases neurológicas del estrés?

Las bases neurológicas del estrés implican tanto el sistema nervioso central como el sistema nervioso autónomo.

Una de las estructuras que más influencia tiene en este proceso es la amígdala, la cual es la desencadenante de todo el proceso del sistema simpático. Este proceso se pone en marcha en un primer momento y nos prepara para una respuesta rápida ante una amenaza o una situación en la que tenemos que huir o luchar. Para ello, las glándulas ultrarenales se ponen en marcha produciendo adrenalina y noradrenalina, las cuales producen y desencadenan todo el proceso fisiológico característico del estrés. En algunas ocasiones, este proceso fisiológico puede resultar algo molesto ya que la frecuencia cardíaca aumenta, existe una vasodilatación…

¿Qué consecuencias tiene el estrés continuado?

Además, si mantenemos la situación de estrés, vamos a necesitar más energía y para ello, nuevamente, se pone en marcha otro proceso por el cual las mismas glándulas ultrarenales producen el cortisol, una hormona que nos ayuda a producir energía, pero de una manera más sostenida.

En caso que la situación de estrés se mantenga mucho tiempo, llega un momento en que las hormonas dejan de tener su efecto y es entonces cuando se producen los efectos a largo plazo, los cuales producen desordenes neuroendocrinos, fisiológicos y emocionales.

Tenemos que tener en cuenta también que, la corteza prefrontal y el sistema límbico tienen un importante papel en el estrés ya que, a la hora de tomar decisiones sobre cómo actuar frente a esta amenaza o a esta situación que hemos valorado como estresante, requiere de nuestra intervención, siendo igual de importante la memoria como la toma de decisiones.

¿Qué neurocomportamientos inducen el aumento del estrés?

Los neurocomportamientos que inducen a una mayor sensación de estrés o que pueden inducir a que tengamos el estrés mantenido en el tiempo, siendo esta última opción la más perjudicial para nosotros, son aquellos que implican que prestemos mayor atención a situaciones estresantes como pueden ser, el perfeccionismo, la necesidad de controlar, el exceso de preocupación ante cualquier situación… Todos estos comportamientos hacen que estemos más alerta de lo normal ante cualquier situación que en otro momento, igual no nos desencadenaría este cuadro.

También es importante que tengamos en cuenta los comportamientos y los hábitos que nos llevan a evitar que ante una situación concreta y en un momento dado, seamos capaces de parar el desarrollo de todo el mecanismo neurológico que hemos visto antes y que por ende se acabe desencadenando la alerta.

En este sentido, es importante no tender a pensar que el control está en el exterior, sino que el control lo podemos tener nosotros mismos. De este modo, lo que va a favorecer es que paremos y digamos a nuestro organismo que lo podemos controlar porque poseo los recursos necesarios.

También es muy importante no favorecer con nuestros comportamientos que en nuestro organismo se produzca un desequilibrio como puede ser un aumento de neuroadrenalina.

Además, no debemos olvidar que hay alimentos como por ejemplo la cafeína, que produce efectos muy similares, de manera que, muchas veces, ante una situación que ya de por sí nos produce estrés, si tomamos cafeína, mantendremos de forma artificial esta situación.

¿Qué técnicas o herramientas se suelen usar para gestionar el estrés propio?

Las técnicas que podemos utilizar para gestionar el estrés propio y que van encaminadas a reducir la activación del sistema simpático son las técnicas de respiración, de relajación y de visualización. Entre ellas se encuentran: la respiración profunda y lenta, la respiración diafragmática o la relajación progresiva de Jacobson.

También podemos utilizar el ejercicio físico como una manera de descargar la cantidad de energía y de activación que nos produce el estrés para volver a nuestra situación basal.

Otra técnica más dirigida a ayudar a focalizar y centrar la atención sería el mindfulness, ya que va muy bien con respecto al estrés precisamente por la capacidad que desarrollamos al practicarlo de focalizar la atención en un momento concreto y no dispersarla en otros pensamientos o imaginación, haciendo así mucho más estresante esa situación.

Se pueden utilizar también técnicas de reestructuración cognitiva a la hora de identificar patrones de pensamiento, pues tendemos a focalizarnos siempre en las situaciones negativas, en la falta de control de la situación y estas técnicas, lo que hacen es que aprendamos a reducir los pensamientos negativos que a veces son los que simplemente desencadenan el estrés.

Estrés de equipo, ¿Cómo abordarlo y gestionarlo?

Para gestionar un caso de estrés en un equipo tendríamos que hacer, por un lado, una valoración de qué aspectos están influyendo en este estrés. Es decir, existen variables que pueden afectar a individuos concretos como es el caso de conductas o actitudes que tenemos y que de alguna manera acaban fomentando que tengamos una vivencia de estrés de forma individual.

Por otro lado, habría que ver qué factores del equipo de trabajo pueden estar desencadenando esta situación de estrés. Entre estos factores habría que valorar los ambientales, referentes al espacio dónde está el equipo desarrollando su labor; los organizacionales y de gestión, como pueden ser, el estilo de liderazgo, los conflictos de roles, la excesiva carga de trabajo, los conflictos entre departamentos… En definitiva, se tendría que hacer una valoración general de todo el contexto en el que el grupo o equipo está desarrollando su labor.

¿Existen técnicas o herramientas para gestionar el estrés de equipo?

Las herramientas que tenemos a nuestra disposición para ayudar a reducir los niveles de estrés en un equipo son diversas.

Por un lado, tenemos la posibilidad de formar a nuestro equipo en gestión de su propio estrés utilizando las mismas herramientas que hemos visto anteriormente para gestionar el estrés individual, como pueden ser los cursos de relajación, la visualización, el fomento del ejercicio físico o incluso otras actividades globales que sean más lúdicas.

Por otro lado, están las herramientas que van más dirigidas a las causas organizacionales que influyen en el estrés. En esta parte, están la gestión del tiempo, la gestión de los recursos de forma que las personas valoren si tienen recursos suficientes para afrontar las tareas o los objetivos que se le están exigiendo.

También sería importantísimo ver qué factores ambientales pueden estar ocasionando estrés en el grupo de trabajo. Las opciones son múltiples, pasando por el ruido, los horarios de trabajo o incluso la buena iluminación. Todos estos aspectos que a la larga acaban influyendo muchísimo en el estrés del equipo, se deberían trabajar con el fin de mejorar el clima de trabajo.

Finalmente, también está lo relativo al estilo de liderazgo, que no exista ninguna dificultad a la hora de establecer los roles, que no haya conflicto de roles… saber gestionar este tipo de situaciones que se dan muchas veces en una organización, para que evitemos que se den situaciones de estrés grupal.

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