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La fatiga por compasión en psicoterapeutas y personal sanitario

Máster en psicología clínica

El cuidado de los pacientes que experimentan el trauma, el dolor y el sufrimiento puede afectar en gran medida la salud del psicoterapeuta o del personal sanitario, dando lugar a lo que se conoce como fatiga por compasión. La fatiga por compasión fue empleada por primera vez por Carla Joinson en 1992, al realizar un estudio sobre el síndrome de burnout en enfermeras de urgencias, y es definida como un tipo de estrés resultante de la relación de ayuda terapéutica, de la empatía y del compromiso emocional con el paciente que sufre y padece (Myezyentseva, 2014).

Dicho fenómeno suele afectar, sobretodo, a profesionales que trabajan con el objetivo de aliviar el sufrimiento en la vida de las personas en momentos cercanos a la muerte, y es la resultante del desbalance entre cuidar a otros y cuidarse a sí mismo.

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Ser un líder

Máster coaching

El término líder proviene del inglés leader y hace referencia a conducir, guiar, dirigir. Un líder es aquella persona que ejerce una mayor influencia en un grupo, se le considera jefe u orientador y tiene la habilidad de convencer a otros de que trabajen con entusiasmo para lograr los objetivos definidos.

Un líder es aquel individuo que diagnostica las causas subyacentes a un problema y tiene como meta aportar soluciones creativas y aceptadas. Su filosofía de trabajo pretender alinear los objetivos personales con los del equipo y organización o entidad donde lidere. Recaba y escucha las ideas de otros aun teniendo sus ideas muy claras. Promueve la participación y el trabajo en equipo, asumiendo diferentes posiciones en función de la actividad por desarrollar. Tiene buenas relaciones con otros y un excelente nivel de autorregulación emocional, esforzándose y dando perspectiva a la situación (Rodríguez, Sanjoaquín y Rodríguez, 2013).

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El turista emocional

màster terapia de parejas

“Tú no sabes quedarte. Llegas, desordenas mi vida y te vas: lo tuyo no es amor. Es turismo emocional.” (Edel Juárez)

Cuando sufrimos una ruptura o hemos tenido malas experiencias con el amor, somos como un barco que pierde su brújula, va sin rumbo, y en algún momento parece que nos hundimos y en otros no sabemos hacia dónde nos dirigirnos. Puede incluso darnos la sensación de que perdemos el control de nuestra vida, de nuestro futuro, y todo lo que parecía estable acaba desapareciendo.

Ante estas circunstancias, muchas personas pasan por un proceso de duelo que se convierte en una reconstrucción de sus propias vidas y una oportunidad de relaciones nuevas en el futuro. Sin embargo, otras personas, bien sea por una huida ante el dolor o por un proceso de defensa, se insensibilizan o se toman los vínculos interpersonales como una actividad turística a partir de la cual, parten de un lugar para llegar a otro con la finalidad de explorar, experimentar placer, aventura y momentos de alegría y euforia sin pensar mucho en el compromiso y  las responsabilidades que implican estar en pareja.

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Quiérete para que te quieran

máster psicoterapia del bienestar emocional

Nacemos con un potencial enorme y con nuestras experiencias, las dificultades y los golpes que nos va dando la vida, poco a poco vamos dejando de confiar en nosotros mismos, nos olvidamos de nuestro nivel de habilidades y capacidades y nos repetimos una y otra vez lo inútiles, incapaces, débiles y poco importantes que somos. Nos lo repetimos en tantas ocasiones, que al final, acabamos convencidos de ello y por ello, por muchos éxitos o logros y halagos que recibamos, nada es suficiente y seguiremos pensando que no valemos lo suficiente y que otros son mejores, llegando a lastimarnos y menospreciarnos de formas impensables (Congost, 2015).

La autoestima es una experiencia subjetiva que nos condiciona a la hora de enfrentarnos con el mundo, ya que interviene de forma directa en la relación que tenemos con los demás, condicionando nuestras elecciones, nuestros límites, la manera como tratamos al otro y la perseverancia y ambición que tendremos al plantearnos nuevas metas (Congost, 2015).

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El “no-diagnóstico” en consulta

Máster en terapias de tercera generación

Como psicólogos buscamos siempre el bienestar de nuestros pacientes. Para ello hacemos psicoterapia y diseñamos un tratamiento acorde con sus necesidades y con los objetivos que nos hemos planteado. Se hacen test y entrevistas de evaluación y en general buscamos sacar un diagnóstico para empezar a trabajar. Pero muchas veces en la práctica clínica nos encontramos con que los diagnósticos no aplican, bien sea porque no hay uno definido o porque los criterios no se cumplen en su totalidad.

Cuando trabajamos con criterios diagnósticos, no podemos dejar de lado manuales como el DSM (en su versión actualizada), ya que se trata de una herramienta fundamental para la clasificación de los trastornos mentales y para la comunicación entre profesionales, pero en la práctica puede presentar algunos inconvenientes. Las conductas son presentadas como síntomas de alguna enfermedad, lo que deriva en explicaciones circulares del comportamiento: hay presencia de trastorno pues hay determinadas conductas y esas conductas existen pues hay un determinado trastorno. Asimismo, deja de lado las relaciones funcionales de la conducta y esto no permite que podamos hacer una modificación en los patrones, ya que no se conocen las contingencias (el contexto, de vital importancia para el paciente, no está siendo tenido en cuenta).

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Paciente hipocondríaco: cuando la solución perpetua el trastorno

Máster en psicología clínica y de la salud

La salud siempre será un tema de importancia en nuestra sociedad. Es obvio que resulta vital no descuidar su vigilancia y llevar a cabo iniciativas para mantenerla. El problema reside en las ocasiones en que puede convertirse en una obsesión, encontrándonos entonces con una preocupación extrema, de una intensidad anormal del sujeto por su propio estado de salud, llegando a afectar a su vida social, laboral, familiar, y acarreando un sufrimiento clínicamente significativo (DSM-V-TR).

Entre los comportamientos propios de la hipocondría existen conductas tales como el “doctor shopping”, referido a las peregrinaciones que emprende el paciente de profesional en profesional en busca de obtener información tranquilizadora sobre su presunto trastorno provocando en muchas ocasiones un incremento del gasto sanitario y del sufrimiento del paciente, además de favorecer la instalación de la hipocondría. Debido a este tipo de actuaciones se hace más prioritaria que nunca la detección e intervención de estos casos en atención primaria por profesionales de la Psicología.

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Afrontar las emociones difíciles: prácticas de psicología “budista”

Máster en psicoterapia del bienestar emocional

Las emociones difíciles son las que a menudo nos hace sufrir y pueden acabar, desencadenando conductas inapropiadas, fuente de más problemas y de mayor sufrimiento.

Las prácticas de la llamada psicología “budista” pretenden, aparte de aliviar el sufrimiento, evitar los daños psicológicos que se originan a raíz del impacto emocional y prevenir conductas inapropiadas que pueden generar conflictos interpersonales aún más graves. Se trata, entonces, de transformar la energía emocional en resultados positivos como: una mejor comprensión de la situación, un aumento del autocuidado y, si las circunstancias lo requieren, una acción externa apropiada del estímulo a fin de reorientar la situación en una dirección constructiva.

En términos neurobiológicos: se pretende conseguir que nos mantengamos en el camino de la tolerancia, a fin de ser capaces de responder al reto de la situación de forma adaptativa y armónica. Como señala Daniel Siegel, “la visión de la mente nos permite dirigir el flujo de energía e información hacia la integración” (2010), y la integración conlleva a la “ausencia de enfermedad y aparición de bienestar” (2010).

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Adicciones y recaídas: síndrome de la recaída

Máster en psicología clínica

La adicción como enfermedad crónica presenta una tendencia a las recaídas. Las recaídas son una realidad y la mejor forma de prevenirlas es aceptando el riesgo y estando al tanto el llamado síndrome de la recaída.

Una recaída se define como un regreso a los patrones de comportamiento y pensamiento típicos de la adicción activa, que ya se habían superado (abstinencia) y que conllevan a volver al uso de la sustancia, volviendo al estado anterior a la recuperación. Las recaídas pueden formar parte del proceso de recuperación no teniendo que suponer obligatoriamente un fracaso en el tratamiento, sino un aprendizaje, para que la persona tome conciencia de que hay algo que no está haciendo bien. El abandonar una adicción implica cambiar comportamientos profundamente arraigados por lo que muchas veces, resulta fácil volver a ellos. Habitualmente, el proceso de recaída está formado por decisiones riesgosas que el individuo toma, y que, conectadas unas con otras, construyen la vía de recaída. Estas decisiones llamadas “de riesgo relativo”, parecen poco importantes pero su efecto es acumulativo y van llevando a la persona a un punto imposible de resistir, donde el uso de las drogas será ineludible, ya que los márgenes de susceptibilidad se han sobrepasado.

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La guerra después del divorcio: un ejemplo de interferencia parental

Máster en psicología forense

El divorcio es un hecho que no solo afecta a la pareja, sino que involucra a los hijos y, a veces, también a la familia extensa de forma prolongada, sobre todo si uno los se dedica a hacer campaña negativa contra el otro progenitor. Así, por ejemplo, cuando se desacredita al otro progenitor, cuando se le insulta delante de los hijos, cuando “se olvida” de informar al otro progenitor sobre asuntos relacionados con el menor (temas médicos, escolares, extraescolares, etc.), cuando se evitan pasar las llamadas telefónicas a los hijos, cuando organizan actividades para los hijos durante los períodos que el otro progenitor tiene el derecho de estar con ellos, cuando desvaloriza e insulta a el otro progenitor ya la nueva pareja de éste, cuando se gratifican en los hijos las conductas despectivas y de rechazo hacia el otro progenitor, cuando cambian de domicilio con el objetivo de destruir la relación del otro progenitor con los niños o cuando se acusa al progenitor no custodio de agresiones sexuales o de enfermedad mental, argumentando que representa un peligro para los menores, se está hablando de Interferencia Parental, también llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP).

Richard Gardner, psiquiatra infantil y forense, definió este concepto por primera vez en 1985, explicando que los síntomas que veía en los niños después de la separación o divorcio, eran de odio, desprecio y rechazo explícito hacia el otro (normalmente hacia el progenitor no custodio), sin causa justificada. En la actualidad la Asociación Americana de Psiquiatría no lo admite como “Síndrome”.

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Utilización del EMDR en sesión como herramienta terapéutica

Máster en Terapias de tercera generación

En el post Atrapados en el trauma: perspectivas desde la terapia EMDR, el psicólogo Carlos Sanz Andrea, antiguo alumno del Máster en Psicología Clínica de ISEP, explicaba las bases del EMDR y sus aportaciones para ayudarnos a llevar al paciente a superar el trauma y aquello que está asociado. Es importante recalcar que, así como sucede con otras aproximaciones terapéuticas, es el paciente quien lleva a cabo la mayor parte del trabajo, nosotros somos guías. Por otro lado, también es importante destacar que lo que se busca con el EMDR no es intentar que el paciente “deje atrás” aquello que le ha sucedido, sino que logre reintegrarlo en su vida y poder continuar viviendo a pesar de haber sufrido en el pasado. Por eso considero importante trabajarlo dentro de un contexto terapéutico determinado y apoyado por otras aproximaciones, como pueden ser el mindfulness o la terapia de aceptación y compromiso (ACT). Cuando se incluye dentro de la terapia puede resultar especialmente útil para trabajar el recuerdo traumático.

Lo que se busca con esta aproximación es trabajar los recuerdos traumáticos que aún estén teniendo un peso importante en la vida del paciente. Es interesante ver que se trabaja con el recuerdo propiamente dicho, y no con los síntomas que está generando.

¿Y cómo se trabaja exactamente con EMDR en terapia? El EMDR comprende 8 fases, que analizaremos para comprender un poco mejor cómo se lleva a la práctica.

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