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Pautas para padres ante el consumo de drogas por parte de sus hijos (Parte 2)

Pautas para padres ante el consumo de drogas por parte de sus hijos (Parte 2)

Tras la gran aceptación de la primera parte de las pautas para padres ante el consumo de drogas por parte de sus hijos, nos hemos animado a publicar la segunda parte.

Recomendaciones ante el consumo de drogas en jóvenes

Después de las primeras pautas de actuación para frenar el consumo de sustancias tóxicas que nos propuso María Dolors Mas Delblanch en su primera parte del post os dejamos algunas más:

Mantener un núcleo familiar fuerte

Esto ayuda a tener una mejor comunicación con el adolescente, sin que existan discrepancia educativa entre ambos padres.

 Debéis saber que no depende sólo de vosotros que vuestro hijo abandone el consumo de drogas, pero sí que podéis hacer mucho para que ocurra si sois capaces de implicaros ambos, apoyaros el uno al otro, hacer un bloque fuerte y conseguir minimizar la interferencia de vuestros otros problemas – ya sean problemas de pareja, personales, económicos, familiares u otros – en vuestra actitud respecto al consumo de drogas de vuestro hijo.

Si el adolescente ve que sus padres están firmes y constantes supervisando sus tareas, hacen que las normas tengan consecuencias, le hacen frente cuando les intenta manipular y le insisten en la necesidad de ayuda profesional, aumenta las probabilidades de que el hijo decida convertirse en parte de la solución en lugar de en parte del problema.

Si, al contrario, los padres no consiguen ponerse de acuerdo en cómo afrontar el hecho de que su hijo adolescente consuma sustancias, minimizan la problemática, se muestran permisivos o sobreprotectores, su hijo se mostrará mucho menos predispuesto a abandonar el consumo de drogas.

El círculo de amigos del adolescente

La presión de los compañeros es uno de los factores asociados al inicio del consumo y abuso de drogas. Además, el grupo de amigos se convierte en fundamental para el adolescente ya que es, especialmente, vulnerable a su opinión puesto que necesita sentirse integrado y valorado entre sus iguales.

Por tanto, la influencia del grupo puede ser perjudicial cuando se usa para beber alcohol, tomar drogas o tener comportamientos contrarios a la ley. Actuar de esta manera supone, para su hijo, ser aceptado en el grupo, ganándose el aprecio de sus amigos que son, según él, personas entre quienes busca acabar de formar o afianzar su propia identidad.

Como padres, deben ser conscientes que no siempre la presión del grupo es negativa, sino que, a veces, es una estrategia de persuasión para que su hijo deje de consumir. Por ello, deben estar atentos e intentar conocer a los amigos de sus hijos para poder escucharles, compararlo con lo que su hijo quiere y, después, tomar las decisiones más adecuadas posibles, sabiendo que toda aquella estrategia punitiva no debe ser la elegida, sino que se deben imponer normas y límites, de forma clara, sencilla y asertiva.

Coherencia y consenso en los mensajes como padres

Es muy importante que el hijo no vea una falta de acuerdo y coherencia entre ambos padres.

El hecho de ser incoherente o manifestar incongruencias entre lo que se dice y lo que se hace, va a ser aprovechado por el hijo adolescente para dejar al descubierto puntos débiles entre ambos padres que, si la pareja no es suficientemente fuerte, pueden acabar en desencuentros entre ambos.

A su hijo adolescente, además, le crea una sensación de indefensión cuando uno de los padres le amenaza con castigos, por infringir una norma, aunque después no se vayan a aplicar mientras que el otro le asegura que “hoy, cuando salgas de fiesta, si no consumes…” y le promete una recompensa emocional o social, aunque después no se vaya a producir.

Además, se produce una desautorización de uno de los padres por parte del otro y, por tanto, se le quita validez a sus decisiones con lo cual el mensaje que le llega al hijo es que sabe que si, por ejemplo, quiere salir de fiesta, se lo va a pedir a su padre puesto que es quien le dará permiso y, además, quitándole la razón a la madre que le iba a imponer un castigo. Esto acabará produciendo una verdadera crisis familiar ya que, en todo caso, la conclusión final de su hijo es “como mamá y papá no se ponen de acuerdo, puedo hacer lo que me da la gana” Y, efectivamente, lo hace, siendo, por tanto, el mayor de los errores derivados de esta discrepancia.

La manera de hacerlo correctamente pasaría por ponerse de acuerdo ambos padres antes de, por ejemplo, permitirle o no salir esa noche de fiesta. Si no se lo permiten – pero su hijo se va, de cualquier manera – habría que estar de acuerdo, también previamente, en el castigo acorde y, sabiendo que lo podrán mantener, formando un bloque unido, pensando – con antelación – que su hijo va a insistir para convencerles; “todos mis amigos van a la fiesta”, “estoy sacando buenas notas”, “lo recuperaré todo”, “¿nunca habéis sido jóvenes?”,”¡me lo merezco!”… e, incluso, que puede llegar a enfadarse mucho al no conseguirlo. Pase lo que pase, como padres, debéis transmitirle a vuestro hijo, una imagen de equipo unido.

No sobre proteger al hijo

 Aunque sea la reacción natural de unos padres preocupados por su hijo, la sobre protección puede producir un efecto no deseado de huida. Por tanto, su hijo debe sentir que sus padres le aceptan tal y como es, sin juzgarle o etiquetarle, para que pueda desarrollar su personalidad de una forma adecuada.

Es cierto que los adolescentes son, cada vez, más autónomos y que ello genera mucha angustia en los padres de manera que les puede llevar a la sobre protección de dichos hijos. Pero, entonces, se está impidiendo el desarrollo, en el adolescente, de habilidades tan importantes como la solución de problemas, la generación de alternativas, la empatía y la autonomía. Todo ello acaba produciendo en el hijo irresponsabilidad, escaso sentido crítico – por tanto, le va a resultar muy difícil, darle un valor negativo a las drogas – y dificultad para tomar decisiones puesto que va a necesitar, siempre y aunque no sea realmente deseada, la aprobación de sus padres.

De hecho, resulta obvio que, si a un adolescente, no le hemos dado las suficientes herramientas que le permitan afrontar sus problemas, llegará a ser incapaz de afrontar un nuevo problema que llegué a su vida y, por tanto, se refugiará en las drogas, al desarrollar una personalidad dependiente. Y, ya más a largo plazo, su autoestima se verá afectada – debido a un proceso de comparación con el grupo-, siendo incapaz de recibir ningún feedback procedente de los demás, lo cual disminuirá su sentido crítico, no sabiendo ni aceptar ni asumir sus errores.

El adolescente que ha desarrollado su sentido crítico es una persona bien informada, más capaz de tener una visión real sobre el consumo de drogas. Por tanto, es misión de los padres no sobre protegerlo en exceso para que pueda disponer de dicha visión crítica de lo que le acontece a sí mismo y a su entorno, lo que le permitirá al hijo ver que las drogas son sustancias perjudiciales para la salud física y psicológica.

Por otra parte, el adolescente que asume las consecuencias de la sobre protección ejercida por sus padres, puede presentar mantener relaciones grupales dependientes ya que está excesivamente unido a sus padres o creerá que él, como persona, es siempre merecedor de aprobación y tratará de cumplir expectativas, aunque no estén relacionadas con su escala de valores.

Buscar ayuda profesional

 Lo primero y fundamental es que vuestro hijo reconozca con vosotros que su consumo es una realidad. Incluso, se puede partir de una conversación en la que se habla del mal ambiente que hay en casa, de la bajada del rendimiento en el instituto, de la posibilidad de que tenga algún problema emocional que no os haya contado y que, por tanto, le haga más vulnerable al consumo de drogas.

La actitud de los padres debe ser congruente, como ya he dicho antes, firme y constante, sin resquebraduras en el discurso de ambos porque, entonces, existen más probabilidades de que el hijo acceda a ser una de las partes protagonistas de la solución del problema. Es muy importante que los padres transmitan a su hijo el mensaje “tienes un problema pero tú no eres un problema ni eres el problema”. Es mejor algo así como “necesitamos ayuda para resolver todos estos problemas que vemos y que te hemos estado explicando. Podemos entender que no consideres que sean problemas o, al menos, no sólo tuyo. Y lo admitimos; también son problemas nuestros y es, por ello, que si quieres, podemos ir juntos o, si prefieres, te buscamos un especialista y vas sólo. La elección es tuya pero creemos que todos lo necesitamos”.

 Si vuestro hijo acepta la ayuda profesional – como en el caso de Nacho – debe contar con todo vuestro apoyo para tener una atención especializada. Acudir a un psicólogo le puede ayudar a desarrollar un mecanismo de defensa emocional y potenciar la seguridad en sí mismo para decir no ante la oferta de sustancias de abuso o ante la presión del grupo.

En este momento, los padres, siguiendo las pautas manifestadas por el profesional, deberéis supervisar el funcionamiento cotidiano de vuestro hijo, os mantendréis unidos y firmes frente al incumplimiento de las normas, especialmente, de aquellas relacionadas con el consumo de drogas. Es posible que, en ese momento, vuestro hijo os intente manipular y, por ello, debéis estar atentos.

Al mismo tiempo, ambos padres debéis evitar enfrentamientos y dudas entre vosotros, aunque los miedos son habituales “¿lo conseguiremos?”, “¿saldrá bien?” ya que el apoyo entre ambos es imprescindible, en estos momentos.

Pero, si después de intentar que asuma su consumo de sustancias y, puesto que es un proceso lento y costoso, no se consigue, ambos padres debéis seguir manteniendo posturas claras, firmes y de rechazo pleno al consumo en el entorno familiar. Y, no desesperéis, seguid dialogando.

En cualquiera de los dos casos, los padres, durante el proceso de tratamiento de su hijo, se les recomienda, asimismo, ayuda profesional para darles orientación y apoyo – en forma de herramientas y recursos- para afrontar la situación familiar – no sólo a su hijo adolescente consumidor sino, también a los otros posibles hijos de la familia – habilidades y estrategias para la toma de decisiones y, esencialmente, para las posibles consecuencias de las mismas.

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Acerca del autor:

María Dolors Mas Delblanch
Licenciada en Psicología por la UOC, 2007. Máster en Neurociencias, UB-IL3-IAEU, 2008. Técnico en Educación Emocional, Prisma, 2010. Máster en Psicología Clínica y de la Salud, ISEP, 2012. Postgrado en Terapia de Pareja y Sexual, ISEP, 2013. Experta en Realidad Virtual, Psious, 2015. Psicóloga General Sanitaria por Habilitación, 2015. Experta en Informes Periciales, IEPA, 2016. Cursos diversos sobre TDA, DEL, tests proyectivos, crisis de pánico, trastornos psicóticos… Actualmente, estudiando el Máster en Psicología Clínica Infantojuvenil de ISEP (2017-2019). Trabajando desde 2008 en su propio Gabinete de Psicología y Psicopedagogía, de orientación cognitiva-conductual, pero con amplia presencia de las terapias de tercera generación – realidad virtual y aumentada, mindfulness ,TAC,EMDR – más el uso de la inteligencia artificial – fármacos digitales – para el tratamiento de niños y adolescentes con TDAH y la rehabilitación cognitiva de adultos

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