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Derribando neuromitos

Derribando neuromitos

Algunos resultados experimentales que se han generalizado y divulgado en el ámbito educacional son solo neuromitos. Creencias erróneas o sin fundamento que vinculan hallazgos neurocientíficos a la educación e impactan consecuentemente en el ámbito de aplicación educativo.

¿Qué es un neuromito?

La palabra neuromito se refiere, entonces, a las malas interpretaciones que se han hecho de las neurociencias, creando falsas premisas sobre las que se construyen métodos educativos y generando una oferta comercial cada vez más amplia. Así, se han justificado prácticas poco eficaces de enseñanza y métodos no evaluados científicamente.

Muchos de estos neuromitos son simplemente distorsiones sesgadas de hechos científicos; el uso fuera de contexto de cierta terminología ha contribuido a establecer una brecha importante entre el conocimiento que se ha adquirido en las neurociencias en los últimos 30 años y su forma de aplicación en el ámbito educativo. Según Paulo Barraza, Doctor en Psicología especializado en el área de las neurociencias cognitivas, la mayoría de los neuromitos proliferan porque se parapetan en anhelos sociales compartidos.

 Solo usamos el 10% de nuestro cerebro

De tal modo, con la esperanza de una educación individualizada o con la aspiración de enseñar mejor se ofrecen productos que relacionan los avances en neurociencias y el aprendizaje extendiendo algunos hallazgos más allá de su interpretación adecuada. Uno de los neuromitos más difundidos es la idea de que solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro. Esta idea puede parecer reconfortante fomentando la creencia de que poseemos un gran potencial oculto aún por desarrollar. Asimismo, si el 90% de nuestra mente no se utiliza normalmente, tal vez podría ser utilizada en caso de lesión cerebral.

Sin embargo, el profesor de neurociencia cognitiva Barry Gordon explica que virtualmente usamos cada parte del cerebro, y casi todo el cerebro está activo casi todo el tiempo. Puede que la rápida difusión y el éxito de este neuromito se deba a nuestra vanidad como especie, y a la dificultad de aceptar nuestras limitaciones; una verdad sin interés puede eclipsarse por una falsedad emocionante.

Casi todo lo aprendemos antes de los 3 años

 Otro de los neuromitos que merecen la pena nombrar tiene relación con los periodos críticos de aprendizaje en la infancia. Un mito al respecto sería que entre los 0 y los 3 años de edad se da la gran mayoría del aprendizaje y luego el desarrollo del cerebro se desacelera. El principal argumento para arribar a esta falsa conclusión es la neuroplasticidad. Sin embargo, hoy sabemos que la plasticidad del cerebro dura toda la vida. Aunque es cierto que los niños son especialmente sensibles a determinados aprendizajes en determinados periodos, esto no implica que no puedan seguir aprendiendo a lo largo de la vida, y por cierto no deben considerarse “ventanas de oportunidad” que se cierran a los 3 años.

Hoy sabemos que durante los primeros años de vida lo que más importa para el buen desarrollo del niño es la dimensión afectiva, a través del modelo de apego que desarrolla con su cuidador principal, y definitivamente no la cantidad de información que reciba. El problema surge justamente, cuando de la idea de que en los primeros años de vida puede ser más fácil, por ejemplo, aprender un idioma, se llega a la conclusión de que el niño debe asistir a clases de chino en lugar de compartir tiempo con su cuidador principal.

La pregunta es cuántos padres y cuántas madres habrán sido despojados de su sentido más natural de cuidado, dejándoles creer que tenían que sobreestimular a sus hijos en los primeros años debido a las conocidas “ventanas cognitivas”. Las neurociencias no apoyan la idea de que sólo la primera infancia pueda ser considerada como una época especial para el aprendizaje. Al contrario, la investigación en desarrollo neurológico sugiere que el éxito de las intervenciones educativas reclama la atención sobre las necesidades y características específicas de los niños.

En conclusión, como padres, educadores y agentes educativos, debemos aplicar el sentido común. Son las relaciones interpersonales las que dan sentido a los aprendizajes durante la infancia y la adolescencia ya que configuran nuestro sentido de identidad. Los métodos educativos son innovadores por ser verdaderos, y no al revés. Y los métodos son verdaderos cuando responden a la naturaleza de cada alumno particular y por fundamentarse en evidencia científica y no en creencias populares.

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Acerca del autor:

Katia Rosenbaum
Licenciada en Psicologia. Departamento de Neuropsicología Clínica e Investigación en Fundación Ineco. Posgrado en Neurociencias y Rehabilitación Cognitiva. Posgrado en Evaluación Neuropsicológica. Capacitación Docente en Neurociencias. Intervención Educativa en Autismo y TGD. Formación en Inteligencia Emocional, Meditación y Técnicas de Respiración.

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