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¿Cuándo una fantasía sexual se convierte en una parafilia?

¿Cuándo una fantasía sexual se convierte en una parafilia?

Cada persona es única y exclusiva en el mundo, principalmente cuando nos referimos a los gustos y fantasías sexuales, ya que, cada una de estas son totalmente personales e individuales.

¿Pero qué es una fantasía sexual? Una fantasía per se, es una representación mental de algo que podemos haber experimentado o, simplemente, creamos en nuestra mente. Cuando el contenido de esta representación en forma de fantasía, nos produce placer o excitación sexual, estamos hablando, por tanto, de una fantasía sexual.

Es común que la mayoría de personas tengan algún tipo de fantasía sexual o hayan fantaseado a través de su mente, representando alguna situación, momento o lugar en el que poder experimentar una fantasía sexual y sentir excitación y placer al recrearse dicha situación. Pero, es en este punto donde las parafilias pueden entrar en juego.

¿Qué es una parafilia?

Cuando hablamos sobre la parafilia, nos referimos a cualquier patrón de comportamiento sexual en el que la fuente de deseo y/o atracción sexual se encuentra en objetos, actividades, situaciones o incluso en individuos atípicos, por lo que no hay un objetivo de cópula concreto, aunque en algunos casos se pueda dar. Aunque, hay que tener en cuenta que, cuando hablamos sobre gustos, deseos o conductas sexuales, éstas están sujetas a cuestiones de índole social, cultural, religioso y legal. Por tanto, no podemos dejar de tener en cuenta la influencia de cada una de estas índoles y entender que los parámetros de la normalidad dependen de muchos factores.

La primera persona en dar nombre a este concepto fue Krafft-Ebing, médico-sexológico, en el año 1886 en su obra Psychopathia Sexualis definiendo una parafilia como “una actividad sexual que no busca una unión amorosa entre sexos si no que busca únicamente el placer sexual en la excitación genital como fin en sí mismo”.

Parafilia, un concepto con fuerte connotación social

El concepto de parafilia no siempre ha tenido el mismo significado, ya que, con el tiempo ha ido adquiriendo esta terminología. Si buscamos información sobre parafilia anteriormente, nos encontraremos con resultados referidos a perversiones o desviaciones sexuales. Por ello, como hemos comentado anteriormente, la connotación social tiene un peso significativo a la hora de definir qué es y qué no es un parámetro de normalidad.

Un ejemplo de lo que se considera, actualmente, una parafília podría ser el sadismo. Es decir, una persona que desarrolla conductas agresivas presentes habitualmente en la relación sexual. Para sentir placer, infringe dolor.

Pero ¿Dónde está la línea que separa lo que es una fantasía de una parafília? Es decir, ¿Cuándo una fantasía se convierte en una parafília?

División entre fantasía sexual y parafilia

Vamos a poner un ejemplo concreto para saber cuándo estamos hablando de fantasía o cuando de parafília. Para ello, vamos a hablar sobre el Masoquismo.

El masoquismo es una conducta o comportamiento sexual que consiste en sentir sufrimiento físico o psíquico de otra persona para experimentar excitación o satisfacción de índole sexual. Por tanto, podemos estar hablando de una práctica sexual consensuada en la que implica sentir placer y excitación a través de la humillación y el dolor que se experimenta por la acción de otra persona. Así pues, el masoquismo sexual son los actos en los que el sufrimiento físico o psicológico, incluyendo la humillación, es sexualmente excitante para la persona al sentir ese dolor o sufrimiento.

Algunas personas masoquistas sexuales evocan sus fantasías de humillación durante las relaciones sexuales o la masturbación, pero no las llevan a cabo. Suele ser habitual en estos casos el fantasear con ser, por ejemplo, esclavizado.

El masoquismo en pareja puede ser en forma de restricción de movimientos, sumisión sensorial como vendajes en ojos, atar con esposas, auriculares con música alta, infibulación palizas, golpes, descargas, cortes, perforaciones o pinchazos y humillaciones arrastrarse, ladrar, lamer las suelas del amo, ser orinado o defecado encima, ser insultado, ridiculizado, travestido, infantilizado… y un sinfín de posibilidades que formen parte de una sumisión tanto
física como psicológica
.

El ritual masoquista en pareja suele estar pactado y bien delimitado, manteniendo el dolor dentro de límites específicos. Utilizan el dolor como vivencia erótica y tienen cuidado de no infligir daños tisulares.

Masoquismo, ¿parafilia o fantasía?

En este caso, cuando hablamos de masoquismo, podríamos estar hablando de una parafilia si se tratase de una actividad sexual en la que la persona necesita excitarse a través de esta práctica como única y exclusiva fuente de placer. Por tanto, nos referimos a que la persona únicamente obtenga placer y excitación a través del sufrimiento y el dolor, sin tener en cuenta otras posibilidades y prácticas sexuales.

De la misma manera que, si una persona tiene una fantasía de algún tipo de sumisión como puede ser, ser atada, no implica una parafilia como tal, ya que, estamos hablando entonces de una práctica sexual que produce placer, entre otras.

Por tanto, cuando hablamos de parafilia, nos referimos a que la excitación o placer sexual en el que únicamente se produce a través de esa práctica, objeto o situación. En cambio, cuando hablamos de fantasía no nos referimos a una única y exclusiva fuente de placer.

Es decir, una parafilia, a diferencia de una fantasía, implica una serie de conductas que pueden ir más allá del control del sujeto que, pueden llegar a interferir en su vida cotidiana ya que, su única fuente y estímulo de placer sexual o excitación depende de ese objeto, situación o práctica específica sin tener en cuenta otro tipo de prácticas sexuales que puedan ser origen de placer.

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Acerca del autor:

Irene Gutiérrez Coranti
Especialista en psicología y psicoterapia humanista, concretamente en la gestión emocional y autoestima. Cuenta con experiencia en un centro humanista realizando sesiones grupales en estimulación y rehabilitación cognitiva. Alumna del Máster en Terapias de Tercera Generación y Aplicación de las Nuevas Tecnologías de ISEP.

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