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Salud emocional, salud física

Salud emocional, salud física

¿Cuántas veces nos hemos sentido tristes y con ganas de llorar, pero lo evitamos porque no estamos en el entorno adecuado? ¿Cuántas veces hemos tenido miedo y no lo compartimos porque pensarán que estamos locos?¿Cuántas veces nos hemos enojado y creemos que es nuestra culpa porque no deberíamos sentirnos así?

Creo que todos en algún punto nos identificamos con las situaciones anteriores. Vivimos en un entorno en donde sentirnos ansiosos, tristes o enojados es mal visto; quizás porque se nos ha vendido la idea que siempre debemos estar alegres. “No importa la situación, debes sonreír y ser optimista.” Sí, es verdad, el optimismo es muy importante, pero hay situaciones que nos lo dificulta; hay circunstancias donde aún no se puede ser optimista y no pasa nada. ¿Quieres llorar? Llora. ¿Sientes miedo? Está bien, el miedo es bueno; nos protege. ¿Estás enojado porque te trataron injustamente? Bien, tienes derecho a estarlo.

Las emociones y sus objetivos

Es hasta que logramos comprender que cada emoción es deseable, porque cumple objetivos precisos en nuestra vida, que soltamos esas cadenas represivas que los grupos sociales, incluso nuestras familias, nos han impuesto, y empezamos realmente a vivir. Claro, al sentir las emociones debemos procurar no quedarnos ahí, sino sentirlas para poder gestionarlas adecuadamente; pero el primer paso es abrazarlas y no reprimirlas.

Hasta cierto punto, las emociones, depende de cómo las tratemos, pueden llegar a ser nuestras amigas o enemigas. Mucha gente dice: “Yo manejo las emociones porque no pienso en ellas”, o “Yo no les hago caso a mis emociones, por eso las manejo bien.” Cuán equivocadas están estas afirmaciones pues reprimir no es ni siquiera parte del manejo emocional.

Consecuencias de la represión emocional

¿Qué pasa entonces cuando tendemos a tomar esta actitud de represión emocional? Para contestar esta pregunta debemos recordar que somos seres integrales, conformados por aspectos sociales, psicológicos, mentales y físicos. Tanto nuestra mente como nuestro cuerpo son sabios; saben en cada momento lo que necesitan sin que nosotros lo solicitemos. Solo pensemos: ¿le pedimos a nuestro corazón que lata cada vez que necesitamos?, o ¿le rogamos a nuestro cuerpo que respire cada vez que corresponde? No, ¿verdad? Estos procesos son automáticos y el cuerpo mismo los gestiona. Entonces, ¿qué pasa con las emociones?  Gracias a la conexión existente entre cuerpo y mente, si nuestra mente y alma deciden reprimir las emociones, no habrá más opción que se manifiesten a través de la parte física. Así que cada vez que suframos de los típicos malestares “sin causa aparente”: dolores de espalda, dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, migrañas, reflujo, entre otros; pensemos si hay alguna situación que nos ha causado emociones que han quedado relegadas, abandonadas, desatendidas y que su forma de escape ha sido nuestro cuerpo. Además, esta represión emocional también puede llegar a detonar trastornos emocionales, como trastornos de ansiedad generalizada, episodios de depresión grave o trastornos por estrés agudo.

Comprender las emociones para mejorar su gestión

Por lo tanto, la próxima vez que nos sintamos angustiados, tristes o con ira; tomemos un tiempo para sentir esas emociones y reconocerlas. Cambiemos el “me siento mal” por “me siento triste/ansioso/enojado”; siendo específicos. Una vez reconocida la emoción, pensemos la causa, agregando el por qué y modificando el “me siento mal y no sé por qué” por “me siento triste/enojado/con miedo por (agregar situación)”. Al lograr comprender las emociones podemos entrenarnos en su regulación; y es hasta este momento que se despierta nuestra parte cognitiva y podemos pensar en ser optimistas. ¿Qué haremos con esta tristeza, con este enojo, o con este miedo? Aquí depende mucho de cada persona y sus intereses. Muchos utilizan sus pasatiempos, como la pintura o la lectura; otros las comparten con personas significativas (recuerden que tenemos esa esfera social dentro de nosotros); algunos optan por realizar ejercicio físico o ejercicios de respiración, y hay personas a las que les gusta meditar sobre ellas para comprenderlas de forma más profunda. En sí no hay un método mejor que otro, todo dependerá de cada quien, lo que sí es seguro es que la represión no forma parte de ninguno de ellos.

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Acerca del autor:

Sofía Villacorta
Alumna del Máster en Psicología Clínica y de la Salud y del Máster en Psicoterapia Cognitiva Conductual. Docente de Psicología en Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales, UNITEC, SPS. Psicóloga en un consultorio Privado.

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