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Parálisis Cerebral Infantil y disfagia

Parálisis Cerebral Infantil y disfagia

En 1889, William Osler, publica el artículoCerebral palsies on the children y con ello se acuña el término Parálisis Cerebral Infantil (PCI) para describir la enfermedad. Sin embargo, desde su descubrimiento, años atrás, hasta la actualidad, la definición ha ido evolucionado.

¿Qué es la parálisis cerebral infantil?

Por su parte, Gómez (2013), describe la Parálisis Cerebral Infantil como un “trastorno del desarrollo, del tono muscular y del movimiento de carácter persistente, pero no variable, el cual limita la actividad…”. Por lo tanto, uno de los mayores déficits será en el área motriz, ocasionando dificultades en funciones como el habla, la ingesta de alimentos y la marcha. Además, se ven afectadas otras áreas del desarrollo como el nivel sensitivo, cognitivo, del lenguaje y comunicativo, así como el perceptivo y conductual.

Al igual que con la definición, homogeneizar los criterios diagnósticos de la Parálisis Cerebral Infantil ha sido motivo de controversia. De manera general, se considera que las sospechas se desarrollan en los primeros años de vida, teniendo como referencia el logro de los hitos del desarrollo. Los signos y síntomas tempranos suelen aparecer antes de los 18 meses de edad. Por ejemplo, la ausencia de reacciones de enderezamiento, anomalías del tono muscular, persistencia de reflejos arcaicos, por mencionar algunos.

¿Qué ocasiona la Parálisis Cerebral Infantil?

La base de dicho trastorno es neurológica, esto quiere decir que, es secundario a una lesión del Sistema nervioso central (SNC). Por su parte, la lesión puede ser causada por diversos factores de riesgos prenatales (35%), perinatales (55%) o postnatales (10%). El daño compromete otras funciones, tales como la neuromuscular, lo cual provoca la incoordinación del menor para la succión, masticación, deglución y digestión adecuadas. Como resultado, casi todos los pacientes con PCI presentarán algún signo y/o síntoma de disfagia.

¿En qué consiste la disfagia?

La disfagia se define como una alteración en la deglución, y la dificultad puede manifestarse en cualquiera de las fases de la deglución típica. Algunos de los signos observables son la incapacidad para tragar, la tos, ahogo con alimentos o líquidos, babeo excesivo, problemas para masticar, escupir o rechazar la comida, cambios en la respiración, entre otros. No obstante, también existe la aspiración silente, la cual ocurre cuando el bolo alimenticio entra por la laringe y/o pulmones, sin presentar signos clínicos (tos o molestia). De modo que, si las aspiraciones son frecuentes, se aumenta el riesgo de neumonía. Por lo tanto, para evitar mayores complicaciones, es primordial un diagnóstico temprano y adecuado de la disfagia.

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Diferencias entre Alimentación y Deglución

Conviene señalar que el lenguaje común puede producir confusiones entre diversos términos. Para comprender mejor, la disfagia es necesario diferenciar entre alimentación y deglución.

La alimentación, se refiere a una ingesta eficiente que permite aumentar en peso y talla. Mientras que la deglución, es un proceso complejo, sensoriomotor y neuromuscular que coordina la contracción y relajación de los músculos necesarios para el tránsito del alimento al estómago. En resumen, para deglutir se requiere de la coordinación de los nervios craneales (trigémino, facial, glosofaríngeo, vago, espinal, hipogloso), tronco y corteza cerebral, así como músculos de la boca, faringe y esófago.

Es importante mencionar que, debido al déficit neuromuscular, la disfagia suele ser un síntoma común en numerosos trastornos neurológicos (accidentes cerebrovasculares, traumatismos craneoencefálicos, Parkinson, esclerosis múltiple, por mencionar algunos).  El término correcto para este tipo de complicación es disfagia neurológica, y se refiere a la dificultad para deglutir, causado por una lesión o enfermedad neurológica, que afecta estructuras implicadas en el proceso deglutorio.

¿Cómo tratar la disfagia?

Por suerte, es un síntoma tratable y corregible.  El tratamiento indicado es sencillo, basta con un cambio en la dieta (añadir espesantes, reducir porciones, sustituir texturas), mantener una postura correcta para comer, evitar el uso de la comida como un castigo o recompensa, mantener un ambiente tranquilo y sin distracciones durante la comida. Además, existen utensilios adaptados para facilitar la ingesta de alimentos. Sin embargo, en algunos casos, dichas adecuaciones no son suficientes, por lo que el tratamiento apropiado es una sonda de alimentación. Ello con el fin de evitar que el paciente se encuentre desnutrido y para un bienestar psicológico (que el momento de comer no sea agobiante y estresante).  En cualquier caso, es esencial que la evaluación, diagnóstico, tratamiento y evolución del paciente sea por parte de un profesional (logopeda), y teniendo siempre el respaldo de pruebas diagnósticas, como la videofluroscopia.

Finalmente, queda mencionar que, desde mi perspectiva, la disfagia es un síntoma olvidado en el tratamiento de la Parálisis Cerebral Infantil. Sin embargo, es de vital importancia conocerlo y tratarlo debido a las complicaciones (médicas y psicológicas) que ésta puede generar. Por lo tanto, se recomienda que la intervención del PCI sea multidisciplinaria (fisioterapia, terapia ocupacional, de lenguaje, conductual, neuropediatra, etc.), ya que se debe de tratar más de un síntoma y/o trastorno en las diversas áreas del desarrollo infantil. Asimismo, es importante resaltar que, el tratamiento no será para curar la enfermedad (no hay cura para la Parálisis Cerebral Infantil), sino para conseguir que el niño tenga el mejor desarrollo funcional posible en todos los ámbitos.

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Acerca del autor:

Leticia Agustina Martín
Grado en Psicopedagogía por la Universidad Anáhuac Mayab (México). Posgrado en Psicología Clínica Infantojuvenil por ISEP, Valencia. Actualmente, alumna del máster de Neurorehabilitación, así como del máster en Trastornos del Neurodesarrollo.

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