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Maltrato infantil silencioso y solapado

Maltrato infantil silencioso y solapado

A menudo las noticias nos sorprenden con historias que parecen salidas de un cuento de terror; que relatan actos atroces de niños y adolescentes víctimas de sus padres, amigos, cercanos o cuidadores; protagonistas de relatos sombríos donde la violencia física, el abandono psicológico y las peores formas de abuso son el factor común; generando en quienes las escuchan o ven una especie de vorágine de rabia y tristeza, que desemboca en llanto e impotencia por la crueldad con la que son teñidas dichas conductas que limitan con la locura y perversión.

El maltrato infantil en los medios de comunicación

De igual forma, los medios de comunicación mantienen informando sobre nuevas problemáticas que tienden a afectar a la población infantil y adolescente en su desarrollo integral fundamentado en bienestar y calidad de vida; que posibilite su adecuado crecimiento en las diversas áreas.  Problemáticas tales como consumo de SPA, bullying, aumento en la depresión, ansiedad o estrés en la población mencionada anteriormente; así como violencia y maltrato; son titulares que priman en las noticias como una forma de advertencia y prevención que raya más en el amarillismo y desinformación; y que les da un toque de protagonismo y visibilidad relegando así situaciones y conductas que pueden ser peligrosas, pero por ser imitadas y repetidas por  un amplio número de personas, pasan desapercibidas o en su defecto suelen ser aceptadas y permitidas.

El maltrato a menores a medio y largo plazo

¿Y si el monstruo está en casa disfrazado de inofensiva normalidad?

En relación a lo ya mencionado, existen algunas conductas por parte de padres o cuidadores de los niños y adolescentes que pueden llegar a generar gran afectación en los menores a mediano y largo plazo; debido a que sus consecuencias no suelen manifestarse de manera tangible inmediatamente, sin embargo, esto no reduce los riesgos y peligros a los cuales esta población queda expuesta.  Dentro de estos comportamientos cabe mencionar los siguientes:

Entretenimiento soportado en las nuevas tecnologías

Actualmente existen muchos padres que se autoproclaman como “modernos y sabios” que justifican su flexibilidad frente al manejo de móviles y Tablet por parte de sus hijos, en el hecho que son nuevos tiempos y que sus hijos son una generación totalmente diferente a la suya.  En parte esto es cierto, pero no es una verdad absoluta; pues son una generación nacida en el boom de las nuevas tecnologías, las redes sociales, los likes o los youtubers, entre otras.

No obstante, siguen siendo humanos, lo cual los hace seres que necesitan vinculación afectiva y tejido social como parte fundamental de su desarrollo y crecimiento; preparándolos para la vida y los grandes retos que en el futuro no lejano afrontarán.  Los menores expuestos sin control al uso de móviles y programas televisivos sin supervisión de un adulto son víctimas potenciales de manipulación, abuso y maltrato mediante material no apto para ellos, pues muchas veces esconden detrás de su supuesto contenido educativo un tono agresivo y de rivalidad; de igual manera, brindar un fácil acceso a niños y adolescentes de celulares y Tablet para muchos se ha convertido en un salvavidas que les permite calmarlos y mantenerlos ocupados para que les permitan seguir con sus labores diarias sin mayor esfuerzo o dedicación.  Así pues, puede constituirse como un tranquilizante que, sin tener los compuestos químicos, genera las mismas afectaciones o resultados.

En estos casos, el menor se aísla de su entorno y realidad presente y sucumbe en una especie de adormecimiento y ensimismamiento que triste y peligrosamente castra su capacidad natural de curiosear, jugar, investigar, cuestionar, relacionarse con el grupo de pares y con adultos a través de una interacción sana que potencia su imaginación y creatividad.

La era digital es una poderosa herramienta para conocer, investigar y construir; pero cuando se constituye como el principal instrumento para educar y en la única red para tejer vínculos afectivos, se hace peligrosa, insuficiente e insana; porque los niños y adolescentes necesitan expresiones tan básicas, pero a su vez majestuosas por los efectos que de ellas emanan tales como, los abrazos, el dialogar, la narrativa, el preguntar, jugar. Todas estas acciones son los maestros perfectos que los preparan sobre los procesos sociales que experimentan los seres humanos sin importar la generación a la que se pertenezca, los cuales educan en las emociones, en la resolución de conflictos, en estrategias de afrontamiento frente a situaciones difíciles y frente a la frustración; previniendo así la presencia de conductas futuras asociadas a depresión, estrés, ansiedad, agresividad e incapacidad para afrontar obstáculos.

La relación virtual con un móvil, Tablet o televisor teje silenciosamente una especie de apego que genera que el niño y el adolescente se sienta aburrido frente a la ausencia del mismo; presentando comportamientos de irritabilidad, agresividad y desánimo.

Ausencia de figura de autoridad definida y estipulada

En muchos hogares, se dificulta identificar quien es el que realmente establece los límites y las normas en el núcleo familiar; como una especie de sometimiento parental por parte de los hijos. Se vislumbra una ausencia de adultos en el interior de las familias; en las cuales niños y adolescentes son quienes determinan que se hace, en qué momento y cómo hacerlo, mientras que los padres solo asienten con la cabeza frente a las disposiciones de quienes actúan como sus jefes o amos.

Actos que pueden percibirse como inofensivos tales como decidir los lugares a los que se va, determinar la hora de partida y hasta decidir sobre qué comer o cómo vestir; en muchos casos se confunde con el desarrollo libre y autónomo del menor; pero calladamente pueden ocultar la dificultad o incapacidad de los adultos para asumir el rol de padres como los que deciden y establecen los límites en el hogar; ya sea por inseguridad o desconfianza en cuanto a su capacidad para establecer la autoridad, o por temor al rechazo y consecuente “berrinche” o pataleta de sus hijos.

En efecto, muchos prefieren asumir el rol de amigos de sus hijos por encima del rol de padres; como una especie de alianza para tenerlos siempre contentos y así evitar las situaciones que inevitablemente en la relación padres e hijos se genera, y que mayoritariamente exige la presencia de autoridad no para castrar al niño y adolescente en su capacidad y derecho de decidir y desarrollarse, sino para establecer un camino que los guíe, marcado por la experiencia, la madurez y la inteligencia emocional de los padres.

Los adultos caen en una especie de desconocimiento de sí mismos y se anulan como personas, pues reducen sus propias necesidades a las necesidades del menor; y esto inevitablemente desembocará en frustración, irritabilidad y depresión.

Se trata de un fenómeno riesgoso que avanza y coge fuerza sin ser percibido, pero que termina afectando tanto a los padres como a los hijos; porque en su afán por agradar y tener contento a los hijos los adultos terminan cediendo frente a todo lo que ellos piden y exigen, que muchas veces no dejan de ser simples caprichos.

La ausencia de autoridad se compensa con presencia exagerada de juguetes, regalos y ropa; como una forma de ocultar la cruel realidad que muestra que quien establece el rumbo de la familia en el niño y el adolescente quienes por lo general se hallan probando el alcance de su manipulación frente al adulto, quien se supone que debería ser su maestro y guía de vida.

Alimentación infantil basada en ultraprocesados

En su mayoría las fiambreras de los niños están cargadas de productos ultraprocesados que brillan necesariamente no por ser saludables, sino por ser de gran agrado para el paladar de los menores por su alto contenido en azúcares, grasas y saborizantes artificiales.

Los niños parecen ser las principales víctimas de productos que a pesar de ser apetecibles y exquisitos para ellos, no suelen poseer un alto contenido nutricional que aporte a su sano desarrollo y crecimiento tanto físico, cognitivo como emocional. Y lo que es peor, la situación se torna agravante cuando esta comida “veneno” se constituye en la protagonista de lo que consumen, dejando de lado alimentos saludables como vegetales, verduras, frutas, proteínas, cereales etc.

Tristemente y con gran preocupación se observa una población infantil que, de manera inconsciente y desinformada, parece estar siendo envenenada por productos que a medio y largo plazo pueden afectar negativamente a su desarrollo en las diversas áreas.

Una dieta caracterizada por alto consumo de carnes rojas y procesadas, snacks, sustancias y zumos artificiales y azúcares; puede convertirse en una bomba que más adelante posiblemente se manifestará en enfermedades o afectaciones de tipo cognitivo y emocional.

Teniendo en cuenta que son varias las investigaciones que han arrojado resultados en los que se reflejan efectos adictivos, cancerígenos y hasta de enlentecimiento y atrofia de procesos cognitivos como el aprendizaje, la memoria, la atención entre otros; siendo la nutrición saludable y la dieta balanceada un factor preponderante en el óptimo crecimiento y desarrollo de los menores.  Enfatizando que las diversas investigaciones han recomendado el consumo mesurado de dichos productos como una medida de mitigar futuros daños al bienestar de la población en general.

El bienestar de los menores, objetivo clave

Sin embargo, mencionando estas acciones que pueden ser el reflejo del desconocimiento y desinformación por parte de los adultos, no se pretende generar juicios y críticas; por el contrario, se propende hacia la sensibilización por parte de los padres en cuanto a la necesidad imperante de informarse y buscar asesoría en lo posible con profesionales especializados en las correspondientes temáticas, en cuestionarse en cuanto a las acciones que hasta el momento han asumido en la formación de sus hijos; y en efecto transformar dichas conductas que pueden tornarse riesgosas en comportamientos que sean saludables para el bienestar de los menores; mediante la implementación de herramientas funcionales y adecuadas que si favorezcan el sano crecimiento de niños y adolescentes.

Es relevante identificar este tipo de comportamientos que, aunque se repiten inconscientemente por un gran número de personas, pueden constituirse en una solapada forma de maltrato silencioso que afecta negativamente a la población infantojuvenil; poniendo en riesgo su sano desarrollo integral.  Los padres son responsables de lo que consumen sus hijos, por tanto, no se puede seguir naturalizando dichas conductas por el simple hecho de ser aceptadas en la colectividad.  Si bien no existe un manual para ser padres, existe un factor importante presente en una excelente crianza y educación el cual es toda acción y expresión basada en el Amor, por medio del cual se reconoce la autonomía e independencia de los hijos sin anular las necesidades propias del adulto, un padre sano educa y forma hijos sanos, sin desconocerse a sí mismos.  Es importante recordar que los menores están a la espera de ser guiados por quienes para ellos son los grandes y mayores maestros por excelencia, sus padres.

Las nuevas tecnologías y la población infantojuvenil

Sin importar cuánto se avanza en relación a nuevas tecnologías, a robótica, o cuantos años más acumula el Universo; existe algo que se ha mantenido intacto desde la creación y conformación de nuestra raza; y es la necesidad de interactuar, de relacionarnos con el otro, con el mundo y con nosotros mismos.  Por más seres individuales que seamos, la sociedad misma y la comunidad es la que potencia nuestro desarrollo personal e integral en las diversas áreas que nos conforman (intelectual, afectiva, comportamental, espiritual, biológica, política).  Así, que la mejor forma de acompañar y participar activamente en el proceso de crecimiento y desarrollo de los niños y adolescentes es desde una afectividad sana y funcional que posibilite la creación de vínculos y redes afectivas tejidas desde al Amor manifestado en conductas saludables y de bienestar.

Recomendaciones educativas del siglo XXI

  • Más juegos presenciales y menos virtualidad.
  • Más cuentos, libros, rompecabezas y menos tecnología.
  • Que los libros y cuentos no sean de uso esporádico, pero si las Tablet, el televisor y el móvil.
  • Más actividades recreativas al aire libre y menos encierro habitacional.
  • Nutrición saludable y una dieta balanceada, donde el azúcar, los snacks, las sustancias artificiales y las carnes rojas y procesadas no tengan el protagonismo.

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Acerca del autor:

Lady Andrea Galvis Moreno
Psicóloga.

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