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El autismo: las personas fuera de la norma

El autismo: las personas fuera de la norma

Bajo el modelo médico de salud mental, el autismo se considera un trastorno, una dis-capacidad o una dis-funcionalidad.

Si tenemos en cuenta que Dis– significa “no, sin, menos”, esta concepción describe a la población dentro del espectro del autismo como desviada, deficitaria, sin capacidad y sin funcionalidad.

Pero ¿qué pasaría si por un instante admitiéramos que estos cerebros catalogados bajo lo que consideramos “patológico”, pasaran de ser un error en el desarrollo, a un acierto de adaptación natural bajo determinadas circunstancias?

Las mentes autistas, indicios en la antigüedad

Diferentes estudios sugieren que ciertas variantes genéticas que hoy se conocen como propias del autismo se han relacionado positivamente con el desarrollo humano desde hace más de 10.000 años.

De un modo general, el cerebro autista, está especialmente capacitado para tareas que implican la sistematización de la información. Así mismo presentan, en muchas ocasiones, una memoria excepcional, una hiperfocalización en tareas específicas, una percepción especialmente desarrollada en lo referente a los sentidos y en relación a los detalles y un interés y habilidad menor por el ámbito social.

Desde un punto de vista evolutivo, la combinación de estas características cerebrales (concentración en una tarea única, especialización, sistematización y desprendimiento de lo social), podría haber sido la responsable de grandes avances de la humanidad. El descubrimiento del fuego, el perfeccionamiento de herramientas, la selección de frutos o la generación del arte, son algunos de los ejemplos en los que se hipotetiza una posible presencia de personas autistas ya en épocas muy remotas.

No obstante, esta visión baraja la idea de que en tiempos pasados, la presencia de estos rasgos se considerase algo extremadamente respetado dentro de las comunidades. En la actualidad, los manuales diagnósticos han cambiado radicalmente la concepción, llevando a la patologización y generando una visión mucho más peyorativa y avergonzarte de estas características tan particulares.

La neurodiversidad. El derrumbe del concepto de normalidad

En 1998 la activista australiana Judy Singer introduce un término que comienza a marcar el derrumbe del paradigma de lo “socialmente normal” como concepto y aspiración: la Neurodiversidad.

¿Qué es la Neurodiversidad?

La Neurodiversidad es entendida como la idea de que hay muchos tipos de desarrollo neurológico que generan diferentes maneras de tratar la información. Su defensa considera que todas estas formas han de ser reconocidas y respetadas, sin pretender modificarlas o eliminarlas. Esta visión alude a la realidad biológica de que todos los seres humanos, poseemos un cerebro único y distinto, responsable de la variedad de la cognición humana.

Una manera de explicar la neurodiversidad es pensar en términos de sistemas operativos humanos: Según los estándares autistas, el cerebro humano normal se distrae fácilmente, es obsesivamente social y sufre un déficit de atención a los detalles. Además gran número de estudios han demostrado que este grupo de personas, las llamadas neurotípicas, procesan la información de lo general a lo específico. Por el contrario, el cerebro autista lo hace de lo específico a lo general, prestando una mayor atención a los detalles y desprendiéndose del mundo social, para desarrollar en mayor medida sus intereses particulares.

Cambio de paradigma en la intervención del autismo

Como resultado de esta nueva visión, que poco a poco va tomando fuerza, y el mayor conocimiento sobre la condición, las intervenciones en el terreno del autismo han vivido fuertes cambios en muy poco tiempo.

Se ha pasado de culpar a los progenitores de los niños/as autistas de sus dificultades, a despojarlos de esta carga; y de llevar a cabo intervenciones centrada en el ámbito médico, a otra orientadas hacia la regulación sensoriomotriz, el desarrollo de la comunicación y de la autonomía.

En la actualidad, inspirados de Asperger, se está retomando la idea de que la “cura” para las personas autistas reside principalmente en la comprensión de los/as profesionales empleados con capacidad, de las comunidades de apoyo y del entorno familiar que confían en el potencial de estos hijos/as, para que puedan desarrollarse como personas plenas y potencien sus campos de interés.

 Vivir en un mundo a la medida de las personas normotípicas

Este desarrollo personal se ve, sin embargo, muy frenado por nuestra sociedad neurotípica en la que se rechaza la atipicidad neurológica. Como resultado se ofrecen respuestas muy limitadas ante las mentes diferentes, impidiendo que estas personas se acepten a sí mismas, descubran sus potenciales y encuentren un lugar en la sociedad que valore sus particularidades.

Desde un punto de vista social, hemos avanzado mucho con respecto a la aceptación de otras diversidades, como la étnica, la cultural o la sexual, pero aún no nos hemos desarrollado lo suficiente en lo que respecta a la escucha de la diversidad neuronal, a la que muy poca gente le presta atención.

En este sentido, la dificultad de adaptación que presentan las personas autistas para desarrollarse dentro de un mundo creado a la medida de la población neurotípica, se exacerba cuando la mayor parte de la población los rechaza y los considera dentro de la patología.

El verdadero reto social con la Neurodiversidad

Aceptar la neurodiversidad es comprometerse con el respeto y el conocimiento de aquellos/as con quienes compartimos nuestra naturaleza. Para ello es de vital importancia potenciar la tolerancia a la neurodiversidad y generar una sociedad abierta a la aceptación. Sólo así se podrán celebrar los diferentes patrones neurológicos en vez se presionar a las personas neurodivergentes para encajar dentro de los esquemas y demandas normotípicas.

Como especialistas lo que podemos hacer es ofrecer las claves necesarias a las personas autistas para poder desarrollarse dentro de una sociedad neurotípica, al mismo tiempo que intervenimos en nuestra sociedad para dar a conocer, aceptar e integrar mejor a las personas neurológicamente diferentes.

La diversidad en cualquier sentido hace de nuestro mundo, un mundo mejor.

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Acerca del autor:

Ángela Martín Bragado
Ex-alumna del Posgrado en Trastornos Autistas y del Máster en Terapias Artísticas y Creativas de ISEP, entre otros. Psicóloga y educadora especializada en niños y adolescentes con TEA y en adultos en situación de discapacidad.

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