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Autolesiones no suicidas

Autolesiones no suicidas

Hoy os traemos el caso real de un paciente que se autolesionaba. Nuestra antigua alumna Mª Dolors Mas Delblanch trata en este post sobre el caso real, tipos de conductas autolesivas, razones de las mismas…

Caso real de paciente con autolesiones no suicidas

Cristian, 15 años, estudiante de 4º de ESO en un IES público de una de las ciudades cercanas, llegó a mi consulta, a finales de mayo de hace unos cinco años, vestido con una gruesa sudadera.

Esa soleada y calurosa tarde, no se despegó ni un minuto de la prenda. Decía que le molestaba el aire acondicionado. Así que, tras algunas sesiones, y delante de mis sospechas, apagamos el aire acondicionado y le dijimos que se nos había “estropeado”. Estábamos ya en junio, y estaba a punto de repetir curso, tras una situación de acoso grave. Ese fue el día que él…y yo… entramos, de la mano, en el mundo de las autolesiones. Un año después, Cristian había curado todas sus heridas, exteriores e interiores.

¿Qué son las autolesiones?

Kerr et al. (2010) definen las autolesiones (NSSI – Non Suicidal Self Injury) como cualquier conducta intencional y autodirigida que causa destrucción inmediata de tejidos corporales, que se puede manifestar de diferentes maneras como pueden ser: cortes, skin carving, quemaduras o golpes y que se han asociado con una amplia variedad de problemas tanto psiquiátricos como somáticos.

Durante los últimos años, la prevalencia de las autolesiones ha aumentado y ello, precisamente, es lo que ha producido un aumento de la investigación acerca de la cuestión. Así, según Washburn et al. (2012), la prevalencia aumenta hasta el 7’5-8% en preadolescentes, 12-28% en adolescentes y hasta un increíble 40-80% en adolescentes de muestras clínicas, es decir, aquellos que vemos, habitualmente, en la consulta de psicología.

Según Nock y Prinstein (2006), es el “acto deliberado de causarse daño a uno mismo mediante cortes, quemaduras, mutilación u otros métodos traumáticos”, lo cual no incluye sobreingestión de medicación o envenenamiento con intención autolítica.

Por su parte, según Walsh (2006) son “lesiones autorealizadas, de baja letalidad o poco daño corporal intencional, de carácter socialmente inaceptable, llevadas a cabo para reducir la angustia psicológica”

Conductas autolesivas, ¿Existen tipos?

Efectivamente, podemos hablar de los siguientes cuatro tipos de conductas autolesivas:

  • Comportamientos autolesivos estereotipados: Actos que se realizan en cualquier lugar y que varían desde lesiones leves a graves.
  • Comportamientos autolesivos mayores: Implican algún tipo de amputación, sufrimiento y patología psicótica severa.
  • Comportamientos autolesivos compulsivos: Comportamientos repetitivos, rituales, que se dan múltiples veces al día como tirarse del cabello y morderse las uñas.
  • Comportamientos autolesivos Impulsivos: Preocupación por dañarse a sí mismo. Impulso difícil de resistir que produce ansiedad, con sensación de alivio posterior y sin intento de suicidio.

Personas que se autolesionan, características

Por lo general, podemos observar un conjunto de caracteres compartidos en las personas que se autolesionan como son:

  • Déficits en habilidades emocionales, es decir, muestran dificultades con la toma de conciencia y la expresión de las emociones, lo cual puede producir períodos de disociación en que la experiencia de la emoción se halla alterada y alexitimia.
  • Autocrítica, son las personas tendentes a ser autocríticas, con explosiones de rabia o de aversión autodirigida, de manera que se autolesionan con más frecuencia aquellos que presentan: autocastigo y rabia autodirigida, autocrítica y baja autoestima o alta autocrítica y alta emocionalidad negativa.
  • Aumento de emociones negativas de forma frecuente e intensa diariamente que es, posiblemente, la principal razón para autolesionarse puesto que las autolesiones pueden aliviar, aunque sea temporalmente, el distrés emocional.

¿Por qué se realizan cortes algunas personas?

El efecto que produce cortar, quemar o agredir la piel que se explica, de forma más generalizada, es un supuesto control del dolor emocional. Porque el paciente sufre un dolor emocional intenso, ilocalizado, inespecífico y cuando se autolesiona, al herirse, ve brotar algo de sangre, aunque sea algo momentáneo, pero que es menos intenso, localizado y específico.

Así, al sentir una emoción negativa que no se sabe digerir, el corte o la quemadura o la agresión es un dolor físico que distrae y deriva la atención desde la emocionalidad negativa hacia otro lugar

En la actualidad, existe un nuevo tipo de autolesiones denominadas “digitales” que son las promovidas a través de las redes sociales pero que, sin embargo, es un nuevo problema que requiere de más atención académica para entender las motivaciones detrás de este comportamiento, así como su relación con las autolesiones fuera de internet.

¿Las autolesiones son contagiosas entre adolescentes?

No debemos olvidar que la adolescencia es la época de la construcción de la identidad dentro del grupo de iguales, por lo cual cada joven intenta encajar dentro de su grupo y, si para ello, hay que reforzar conductas de otros, especialmente a través de las redes, se hace, por tanto, hay contagio.

Un ejemplo muy claro es cuando cualquier adolescente usa Instagram o Facebook para decir que “no puedo más con mi vida, me quiero morir” y, además, sube una foto a las redes de una autolesión, esta se viralizará, desde su grupo de iguales al IES y a otros grupos de “amigos”/conocidos,  y todos los demás grupos de adolescentes le mandarán mensajes diciéndole que le quieren, que aguante, que resista… e, incluso, se harán autolesiones y, también, las subirán a las redes con lo cual se producirá el contagio.

Sin embargo, no significa que todos ellos se conviertan en autolesionadores ya que, una gran parte, se darán cuenta de que cortarse o golpearse o quemarse, duele y, por tanto, lo dejarán de hacer. Hay que ser solidarios, pero “igual, no tanto”, se justificarán. Pero, existirán otros que seguirán haciéndolo; desde los de “todo por un amigo” hasta aquellos que necesitan alcohol o sustancias de abuso para desinhibirse, pasando por aquellos otros que ya tenían una patología de base.

Pero no todo es el adolescente, la búsqueda de su identidad, su grupo de iguales y las redes sociales. Obviamente, en nada ayudan que canales tan populares entre los adolescentes como Netflix emitan series tan discutidas y discutibles como “Por trece razones” o que la serie estrella de la HBO “Heridas abiertas” sea una especie de manual de “cómo autolesionarse en trece episodios”. Si, además, llegados a este punto alguien todavía no piensa que este es un tema lo suficientemente importante como para dedicarle un tiempo y unos recursos que se dedican a cuestiones de menor importancia – tengamos en cuenta que, también, existen las autolesiones con intencionalidad suicida – quizás debería prestar atención a las muchas webs existentes en internet acerca del “cutting”, de una forma muy similar a las existentes para anorexia, y no precisamente de información adecuada.

Patologías asociadas a la autolesión

  • Baja autoestima y trastorno depresivo
  • Trastornos de ansiedad y bipolar
  • Trastorno de la conducta alimentaria
  • TDAH
  • Abusos sexuales y físicos
  • Bullying y ciberbullying
  • Consumo de alcohol y de sustancias de abuso

En el caso de las “autoagresiones digitales”, a través de las redes sociales, tenían más probabilidades de haber sufrido tres o más problemas psicológicos durante la ESO y, además, se informaba de un mayor consumo de alcohol y sustancias de abuso.

En general, todos los pacientes que realizan autolesiones presentan unos rasgos de personalidad como son la tendencia al:

  • Perfeccionismo
  • Impulsividad
  • Inseguridad
  • Conflictos frecuentes con amigos y familia
  • Sentirse rechazado
  • Tendencia a tomar riesgos.

Ante las autolesiones, ¿qué hacer como padres?

Antes que nada, darse cuenta. Y esta frase, tan simple, es esencial y primordial. Los padres deben pensar que, en la mayoría de los casos, estas conductas se realizan por la noche, cuando todos ya están durmiendo – si no pueden esperar, en el baño, con el cerrojo pasado – con secretismo, a oscuras, generalmente, con cuchillas de afeitar, un capuzón de un boli, un cúter… pero teniendo todos los elementos que usan escondidos y fuera del alcance; debajo del colchón, dentro de un fichero de un armario alto que lleva años haciendo polvo…

Durante el día se pondrán su sudadera o sus mangas largas y nadie sospechará y, posiblemente, la primera alarma llegará del colegio cuando su hijo lleve días negándose a realizar la clase de gimnasia porque no se quiere separar de esas prendas. Otra forma de enterarse es cuando el adolescente se le ha ido la mano con el corte y sangra durante la noche, la necesidad de ir al médico, acaba descubriendo la problemática.

Descubrir que vuestro hijo se autolesiona, os producirá una mezcla de sentimientos, os hará sentir confusos, impotentes, tristes, incluso, culpables  – pero, aquí, debéis recuperar que vuestro hijo sufre una patología de base, posiblemente, de la misma manera que si sufriera una apendicitis o una hepatitis, ¿os sentiríais, entonces, culpables? – e, incluso, algunos padres, ocasionalmente, se enfadan – contra los profesionales por no haberlo visto antes aunque si no nos han traído antes al paciente, no lo hemos podido ver, contra la escuela por los sucesos que hayan podido pasar, contra el mundo, contra su hijo y, en realidad, sólo están enfadados contra sí mismos porque querían quitarles todo sufrimiento a su hijo pero, desgraciadamente, ni es tan fácil ni es tan rápido.

Y, eso, precisamente, es lo primero que tienen que entender los padres; la recuperación de su hijo será un proceso gradual y, lo primero por conseguir es un acercamiento entre los propios padres y el adolescente puesto que, habitualmente, están en mundos diferentes.

Pautas para ayudar a jóvenes que se autolesionan

A partir de aquí, existen algunas pautas importantes:

  • Buscad ayuda profesional. Es necesaria, no sólo para vuestro hijo sino porque, seguramente, cada tres o cuatro sesiones con él pautará una con vosotros, en que podréis preguntar, dejaros asesorar, acompañar, llorar… En una primera visita, os preguntará todo lo que está pasando y lo que ha pasado, desde el inicio de los síntomas para remontarse a la infancia e, incluso, al embarazo y parto. En la siguiente sesión, hablará con vuestro hijo, se realizará la evaluación y, en la entrevista de devolución, os explicará los motivos por los que se agrede, cuánto os debéis de preocupar y hasta dónde. Esto es esencial para vosotros; saber lo que, realmente, está ocurriendo porque es, a partir de aquí, donde nos pondremos a trabajar intensamente.
  • Diálogo Es muy importante que no perdáis la comunicación con vuestro hijo. Tened en cuenta que es mejor iniciar una conversación preguntándole “¿me ayudas a entender lo que te pasa?” porque le dais pie para que confíe en vosotros puesto que la mayoría de adolescentes tiene “terror” al momento en que sus padres se enteren de que se autolesionan y, así, le será más fácil darte información. Sin embargo, nunca preguntéis algo del tipo “¿ por qué no paras?” o “ ¿qué te pasa que no paras esto, estamos sufriendo?” porque el adolescente se replegará y acabará allí la conversación ya que, lo primero, lo verá como una culpabilización y, por tanto, que no entendéis nada y lo segundo, como una queja cuando el que está mal es él – recordemos que, en ese momento, el adolescente está enfermo y, como cualquier enfermo es poco empático y no ve el sufrimiento de los demás.
  • Sin miedo Si vuestro hijo os ve tranquilos y confiados en que todo se solucionará, él también se sentirá así. En cambio, si le proyectáis vuestros miedos ante el futuro, su problema, vais – sin querer – a hacer el problema mayor.
  • Amigos Estad atentos – sin perseguirlos – a su red de contactos tanto a través de las redes como del colegio o de otras actividades.
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Acerca del autor:

María Dolors Mas Delblanch
Licenciada en Psicología por la UOC, 2007. Máster en Neurociencias, UB-IL3-IAEU, 2008. Técnico en Educación Emocional, Prisma, 2010. Máster en Psicología Clínica y de la Salud, ISEP, 2012. Postgrado en Terapia de Pareja y Sexual, ISEP, 2013. Experta en Realidad Virtual, Psious, 2015. Psicóloga General Sanitaria por Habilitación, 2015. Experta en Informes Periciales, IEPA, 2016. Cursos diversos sobre TDA, DEL, tests proyectivos, crisis de pánico, trastornos psicóticos… Actualmente, estudiando el Máster en Psicología Clínica Infantojuvenil de ISEP (2017-2019). Trabajando desde 2008 en su propio Gabinete de Psicología y Psicopedagogía, de orientación cognitiva-conductual, pero con amplia presencia de las terapias de tercera generación – realidad virtual y aumentada, mindfulness ,TAC,EMDR – más el uso de la inteligencia artificial – fármacos digitales – para el tratamiento de niños y adolescentes con TDAH y la rehabilitación cognitiva de adultos

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