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Neurodidática, eje de cambio en el paradigma educativo

máster neuroeducación

La neurodidáctica es una disciplina reciente que surge a partir de los avances de la neurociencia. Se encarga del estudio de las bases cerebrales de los procesos de enseñanza y aprendizaje para impulsar este último en función del potencial de cada individuo (Rodríguez, 2015).

En este sentido, al conocer las estructuras cerebrales implicadas en los procesos de aprendizaje, los profesores pueden convertirse dentro del aula en entrenadores de las respectivas funciones mentales para que estás favorezcan el aprendizaje de los alumnos. Con este objetivo ISEP ha diseñado el Máster en Neuroeducación y Optimización de Capacidades.

Los principios básicos de la neurodidáctica se basan en las siguientes premisas (Rodríguez, 2015):

1. El aprendizaje requiere un papel activo del que aprende.
2. El aprendizaje implica respeto a los ritmos, intereses, nivel y necesidades de cada alumno.
3. Para que se produzca un verdadero aprendizaje es fundamental que los niños y niñas sean los protagonistas del proceso y los responsables del mismo.
4. Los avances en neurociencia demuestran que el aprendizaje requiere exploración, búsqueda de sentido, razonamiento y comprensión. La mera exposición de contenidos no es aprendizaje sino que favorece a la repetición de dicha información sin una comprensión de la misma.
5. Las emociones tienen una gran implicación en el aprendizaje, por lo cual, el estado de ánimo de los alumnos van a determinar su aprendizaje.
6. El papel de las neuronas espejo (células cerebrales que favorecen la empatía e imitación) en el aprendizaje es indiscutible.

La neurodidáctica supone un cambio en el paradigma educativo tradicional, modificando los modelos de enseñanza tradicionales que no consideran las bases neurales que subyacen al aprendizaje.

Algunas prácticas que promueve la neurodidáctica para potenciar el aprendizaje en el aula, y que se incluyen en la formación en neuroeducación de ISEP, son:

-Clase invertida: implica que los alumnos sean los encargados de buscar y desarrollar los contenidos en casa, por su cuenta y aprovechar la hora de clase para hacer trabajos y exponer sus dudas al profesor. El educador se convierte así en un guía del aprendizaje (Rodríguez, 2015).

-Grupos reducidos y aprendizaje cooperativo: en esta práctica, los pequeños grupos son los responsables del proceso, los que de manera activa entre ellos procesan, elaboran e interpretan la información (Rodríguez, 2015).

-Dinámicas basadas en el aspecto lúdico: a partir de las cuales se promueva el aprendizaje a través de juegos y se requiera de  trabajo en equipo y creatividad (Rodríguez, 2015).

-Formas más rápidas, esquematizadas e interactivas de exponer la información: por ejemplo, pequeños videos motivacionales, mapas conceptuales, etc. a partir de los cuales, la información debe ser expuesta y es entonces cuando serán los alumnos quienes indaguen, experimenten y exploren para dotar de significado a la información  y para crear sus propios aprendizajes (Rodríguez, 2015).

-Guiar el aprendizaje con preguntas: esta estrategia motiva al alumno, concentra su atención y le convierte en una especie de investigador que busca en cualquier fuente de información posible la solución a las interrogantes que se le plantean (Morgado, 2014).

-Practicar frecuentemente el recuerdo de lo aprendido: preguntar sobre la información recientemente aprendida beneficia a la memoria a largo plazo promoviendo el reclutamiento de los circuitos neuronales del recuerdo en las subsecuentes oportunidades de estudio (Morgado, 2014).

-Evaluaciones orales: las exposiciones o los exámenes orales no solo permiten una evaluación muy rigurosa del conocimiento adquirido por los alumnos, sino que, sobretodo, inducen en ellos un tipo de estudio mucho más basado en la comprensión de los materiales y la información que en su simple memorización (Morgado, 2014).

-Inmersión temprana en más de una lengua: los alumnos que adquieren múltiples lenguas en su infancia y las practican a lo largo de su vida tienen una mayor atención selectiva y desarrollan el hábito de conmutar contenidos mentales, lo que les facilita la adquisición de aprendizajes complejos, especialmente los que implican cambios en las reglas de ejecución (Morgado, 2014).

-Homenaje a la lectura: de todas las actividades intelectuales potenciadoras de capacidades mentales la más asequible y la que proporciona un mejor balance costo/beneficio es, sin duda, la lectura. Las cortezas occipital y temporal se activan para ver y reconocer el valor semántico de las palabras. La corteza frontal motora se activa cuando evocamos mentalmente los sonidos de las palabras que leemos. Los recuerdos que evoca la interpretación de lo leído activan poderosamente el hipocampo y el lóbulo temporal medial del cerebro, que son zonas críticas para la memoria. Las narraciones y los contenidos emocionales del escrito, sean o no de ficción, activan la amígdala y demás áreas emocionales del cerebro. El razonamiento sobre el contenido y la semántica de lo leído activa la corteza prefrontal y la memoria de trabajo. La lectura refuerza también las habilidades sociales y la empatía, además de reducir el nivel de estrés del lector (Morgado, 2014).

La modificación del actual sistema educativo pasa por la inclusión de cursos de neuroeducación en la formación de equipos docentes. Este debe ser el primer paso para conseguir el éxito.

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