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Maltrato Infantil: clasificación y principales consecuencias

Máster en Psicología Forense

La Organización Mundial para la Salud (OMS) define al maltrato infantil como cualquier acción de abuso o desatención de la que son objetos los niños y adolescentes menores de 18 años, que perjudique su salud o su desarrollo.

Existen diferentes tipos de maltrato que se dan típicamente fuera del contexto familiar, pero las formas más comunes de maltrato infantil, aquellas que afectan a una mayor proporción de niños y niñas, ocurren en el interior de la familia (nuclear o extensa).

Se han efectuado distintas clasificaciones para hablar del maltrato infantil. Por la claridad en su exposición (y consenso con la misma), se ofrece a continuación la sintetizada por los autores Palacios, Jiménez, Oliva y Saldaña (1998):

Abandono o negligencia. Situación en que las necesidades físicas básicas de un menor y su seguridad no son atendidas por quienes tienen la responsabilidad de cuidarlo.
Maltrato Emocional. No se toman en consideración las necesidades psicológicas del menor, particularmente las que tienen que ver con las relaciones interpersonales y con la autoestima.
Maltrato Físico. Acción no accidental de algún adulto que provoca daño físico o enfermedad en el menor, o que le coloca en grave riesgo de padecerlo como consecuencia de alguna negligencia intencionada.
Abuso Sexual. Utilización que un adulto hace de un menor de 18 años para satisfacer deseos sexuales.
Maltrato Prenatal. Situaciones y características del estilo de vida de la mujer embarazada que, siendo evitables, perjudican el desarrollo del feto.
– El niño es utilizado habitual o esporádicamente para mendigar, o bien, el menor ejerce la mendicidad por iniciativa propia.
Corrupción. Conducta de los adultos que promueven en el niño pautas de conducta antisocial o desviada, particularmente en las áreas de la agresividad, la apropiación indebida, la sexualidad y el tráfico o el consumo de drogas.
Explotación Laboral. Para la obtención de un beneficio económico se asigna al niño con carácter obligatorio la realización de trabajos que exceden los límites de lo habitual, que deberían ser realizados por adultos, y que interfieren de manera clara en las actividades y necesidades escolares del menor.
Síndrome de Münchhausen Por Poderes. Se provocan en el menor síntomas físicos patológicos que requieren hospitalización o tratamiento médico reiterado.
Maltrato Institucional. Situaciones que se dan en centros u organizaciones que atienden a menores de edad y en las que por acción u omisión no se respetan los derechos básicos a la protección, el cuidado y la estimulación del desarrollo.

El maltrato infantil es un fenómeno que, con excepciones, ocurre en privado, incluso cuando ocurre en el interior de la familia, como ocurre típicamente en el abuso sexual. Esto hace que sea difícil de cuantificar y hace que las cifras sean muy poco fiables. Según los datos de la investigación llevada a cabo en toda España, pero centrada solo en los expedientes abiertos en los servicios de protección de menores de las diferentes Comunidades Autónomas (Jiménez, Oliva y Saldaña, 1996), indican que:

> Entre el 30 % y el 50 % de los niños maltratados sufren más de un tipo de maltrato.
> Los padres suelen ser las figuras que con más frecuencia ocasionan el maltrato.
> Es muy frecuentes que, dentro de una misma familia, el maltrato afecte a más de uno de los hijos.
> La incidencia global del maltrato suele disminuir a partir de la pubertad, sin duda como consecuencia de que los menores son más capaces de defenderse de sus agresores.

Lamentablemente, las últimas investigaciones revelan que la violencia contra los menores creció un 13,6% en 2012 en España. 1.778 niños y adolescentes fueron atendidos ese año víctimas de maltrato físico y psicológico, violencia escolar, abandono o abuso sexual, entre otros. En la mayoría de casos, los agresores suelen ser el padre, los compañeros de clase o la madre, en cualquier caso, principalmente personas cercanas al menor.

En términos generales, entre los indicadores podemos encontrar: actitud y comportamiento del menor (niño desconfiado, asustado, sobresaltado, temeroso, Indiferencia, apatía, tristeza, mirada baja, evitación de la mirada del adulto, retraso mental real o aparente, fracaso escolar.  Desnutrición, deshidratación, parámetros de crecimiento por debajo de los normales para la edad, bajo peso. Higiene deficiente, restos de heces secas adheridas a la piel, parásitos, dermatitis de pañal importante.

El cuadro clínico característico del Síndrome del Niño Maltratado comprende lesiones, generalmente múltiples, de diferente naturaleza, en diversos períodos de evolución, situadas en distintos planos anatómicos, más frecuentemente en zonas orgánicas protegidas. Llanto excesivo en lactantes, sin razón aparente. Conducta irritable o agitación extrema en lactantes. Regresión de alguna fase del desarrollo que ya se había alcanzado, por ejemplo enuresis, encopresis, succión del pulgar. Miedos excesivos, por ejemplo miedo a la oscuridad, a irse a la cama, a quedarse con ciertas personas.

Una atenta mirada al conjunto de indicadores anteriormente expuestos permite al lector darse temprana cuenta de la inexistencia de indicadores específicos de maltrato.

Trickett y McBride-Chang (1995) señalan que el maltrato introduce una distorsión en las relaciones emocionales básicas, en los cimientos de la construcción de la personalidad y las relaciones. Las principales consecuencias que conllevan el maltrato infantil son de tipo físico y de tipo psicológico: los niños criados en hogares donde se les maltrata suelen mostrar desordenes postraumáticos y emocionales. Muchos experimentan sentimientos de escasa autoestima y sufren de depresión y ansiedad, por lo que suelen utilizar el alcohol u otras drogas para mitigar su estrés psicológico, siendo la adicción al llegar la adultez más frecuente que en la población general.

Los efectos que produce el maltrato infantil no cesan al pasar la niñez, mostrando muchos de ellos dificultades para establecer una sana interrelación al llegar a la edad adulta.

Algunos niños sienten temor de hablar de lo que les pasa porque piensan que nadie les creerá. Otras veces no se dan cuenta que el maltrato de que son objeto es un comportamiento anormal y, así, aprenden a repetir este “modelo” inconscientemente.

Ante la sospecha de malos tratos es preciso que se efectúe un meticuloso estudio de la víctima de tipo interdisciplinar (médicos forenses, pediatras, psicólogos forenses, psiquiatras, ginecólogos, trabajadores sociales, etc.

La protección a la infancia precisa de profesionales bien formados que, lejos de dejarse llevar por impresiones imparciales o subjetivas, sean capaces de poner en práctica el conocimiento proveniente de la investigación psicológica.

ISEP cuenta con formación especializada en psicología forense, indispensable para el estudio de la víctima de maltrato infantil y su intervención.

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