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Arteterapia y autismo

máster en terapias artísticas y creativas

El arteterapia es una técnica terapéutica dentro de las denominadas terapias artísticas y creativas que utiliza el proceso creativo y la transformación de los materiales artísticos para expresarse y comunicarse (con o sin palabras), facilitando el acceso a conflictos internos, especialmente inconscientes, con la finalidad de elaborarlos simbólicamente. Se trata de una creación visual y tangible de procesos psíquicos. Esta transformación supone una aproximación diferente al conflicto, permitiendo su acceso y resolución.

Por su parte, el proceso creativo activa otros sistemas psíquicos que colaboran en la salud mental de los pacientes (Paín, 1995), ya que estos deben encontrar un equilibrio entre lo que desean hacer y lo que el material les permite realizar, encontrándose con la realidad de las leyes de la materia.

Una de las características más diferenciadoras del arteterapia es que la relación terapéutica es triangular (Shaverien, 1991) y cada vértice corresponde a paciente, terapeuta y obra, con lo cual tenemos un proceso terapéutico con unas complejas transferencias y contratransferencias entre paciente/obra, paciente/terapeuta y terapeuta/obra; esto, considerando tan importante la relación terapéutica como la relación con la obra.

En el caso específico de los pacientes con Trastorno del Espectro Autista (TEA), a menudo viven en un mundo de sensaciones. El arteterapia les ofrece la posibilidad de acceder a un lenguaje al que probablemente tengan mejor acceso que al de las palabras. Los materiales ofrecen una gran variedad de posibilidades sensoriales y para cada caso hay que pensar cuáles son los más adecuados, por lo que, como especialistas, debemos estar atentos para reconocer la vía de acceso más activa en ese cada paciente: la visión (los colores, las formas los contrastes, los movimientos, los brillos, etc.), el oído (los sonidos de los materiales, los golpes, rasgados de hojas), el olfato (olor del barro, de la pintura, la cola), el tacto (las sensaciones de suavidad o dureza, aspereza, frío o calor) o el gusto (mucho más complicado de experimentar con materiales plásticos pero que hay que tener presente ya que la exploración oral suele ser muy importante).

A continuación, se presenta un modelo aproximado de cómo se manifiestan y trabajan las características del espectro autista de las sesiones de arteterapia. A través del Máster en Terapias Artísticas y Creativas de ISEP podrás descubrir este y otros, y hasta conseguir las herramientas necesarias para diseñar modelos personalizados a cada caso:

Sensorialidad e indiferenciación:

El arteterapia ofrece la posibilidad de comunicarse con un sistema que no requiere pensamiento simbólico (la palabra). A partir de ello, la comunicación se da por medio de las sensaciones que despiertan los materiales, los cuales dan una amplia gama de matices sensoriales que permiten ir trabajando sobre la conciencia del propio cuerpo y de sus límites, ya que el cuerpo empieza y/o termina allí donde se reconoce la existencia de otro cuerpo. En este sentido, el arteterapia permite conectar con experiencias sensoriales iniciales y volver a recrearlas para reconstruirlas de una forma más organizada.

Las producciones de los pacientes con autismo a menudo expresan caos mental debido a un manejo inadecuado del cúmulo de sensaciones que invaden sus sentidos, sin organización y que dificultan o paralizan el correcto funcionamiento mental. También es bastante común la dificultad de mantenerse dentro de los límites de la hoja, la mesa, recipientes, etc., como una manifestación de sus complejas relaciones con los límites internos y externos. El arteterapia permite acercarse a este caos y empezar desde este punto a hablar sobre lo que podemos diferenciar de esta masa, algunos colores o materiales que se distinguen, las marcas del recuerdo del proceso, que les permitan ir saliendo del caos físico y, de forma paralela, del mental.

En el caso de los niños que no pueden o no desean hacer representaciones, es muy útil estimularlos a hacer diferentes movimientos con el cuerpo que dejen la marca de este en el papel, ya que eso les aproxima a la creación y a la diferenciación. Cada trazo será diferente y les generará sensaciones distintas.

Aislamiento/rechazo a la relación:

Los materiales artísticos también pueden ser empleados por los niños con autismo para aislarse de la relación con el terapeuta, autogenerándose un mundo de sensaciones donde no cabe el pensamiento y en el cual pueden quedar sobreexcitados por la experiencia sensorial. Si esto es así, debemos usar esta información para entender que estamos frente a su problema principal y que cuando han de relacionarse con los demás se asustan, se vuelcan en sus sensaciones conocidas y se quedan atrapados en ellas sin poder pensar. La aceptación del rechazo, entendido como el miedo a la relación, el interés por sus cosas externas y la verbalización de sus dificultades ante la idea de necesitar alguna cosa del terapeuta, les va ayudando a abrirse hacia el exterior.

Otros pacientes ni se acercan a los materiales. Es como si no los hubieran visto pero es importante estar alerta a los pequeños flashes de interés (miradas fugaces) para mostrarles ese material y sugerir un acercamiento. Para ello, suele funcionar que el  arteterapeuta se ponga a jugar con los materiales con grandes dosis de teatralidad para captar la atención del niño. Es importante encontrar el material más sencillo de emplear, por ejemplo, si hay dificultades de presión será mejor usar rotuladores que lápices de colores.

Rechazo al significado compartido:

El rechazo al significado compartido implica aquella relación en donde se “comparte” una actividad, pensamiento o emoción. A menudo actividades que pueden empezar siendo muy significativas, como hacer agujeros en la plastilina, van derivando hacia actividades solitarias y “autísticas”, por lo que los niños quedan fijados en la autosensorialidad y el no pensamiento, que los retrae del mundo externo. Es por esto que debemos mantener una atención activa ajustada que nos ayudará a recuperar la relación y, poco a poco, el significado compartido de la actividad que se realice (Álvarez, 2004). El material plástico ofrece la posibilidad de pasar de la experiencia sensorial a la simbólica. Así por ejemplo, el barro nos permite una exploración sensorial no simbólica, permite la fantasía de fusión con el material, la experimentación de la adhesión, pero también ofrece la posibilidad de progresión simbólica, dejando una huella en el material, haciendo un agujero, creando bolitas, figuras, etc., sin perder la posibilidad de volver a una exploración sensorial.

Voracidad:

Otra de las características que podemos encontramos en los pacientes con autismo infantil es la necesidad de utilizar la máxima cantidad de material posible, parece que nunca hay suficiente o que el profesional no tiene algo que ellos necesitan, lo cual hace pensar en niños “hambrientos” de muchas cosas.

Contratransferencialmente el arteterapeuta puede sentirse insuficiente y desbordado por las demandas, de manera que hay que transmitirle al paciente que no se puede satisfacer todas sus necesidades pese a que puede resultarle doloroso darse cuenta de ello. Una forma de hacerlo es establecer un límite con los materiales; cada sesión tiene un material variado pero limitado, que no se puede reponer hasta la próxima sesión, lo cual permite reflexionar sobre las carencias y las insatisfacciones internas.

Destrucción:

En algunos casos, las personas con autismo sienten la necesidad de destruir el material que se les ofrece. En esta situación, lo adecuado es transformar la agresión más descontrolada hacia una actividad más concreta, como romper papeles, arrancar, arañar, moldear plastilina, recortar. Si aun así, el niño no regula el nivel de destrucción y se muestra expectante a la actitud del terapeuta, lo más óptimo es eliminar los materiales dados para que no los destruya y no pueda agredir a otro (arteterapeuta) ni agredirse. Esto conlleva a que obligatoriamente, el paciente ponga en marcha un mecanismo de contención con el objetivo de volver a obtener los materiales deseados.

Por otra parte, la destrucción puede ser mucho más sutil, como es el caso de pacientes que siempre acaban destrozando su obra. Ver que son capaces de hacer cosas les hace sentir demasiado diferenciados, que avanzan por el camino del crecimiento, un camino lleno de inseguridades, de riesgos, de incertidumbres y de un gran deseo de volver hacia lo conocido y retroceder. Es por todo esto que es tan importante permitir los estados de destrucción y dar tiempo para que puedan conectar, no solo con el miedo, sino también con el deseo de crecer y avanzar. Es importante dar valor (sin exagerar) a lo que han podido hacer, a sus capacidades “ocultas”, y acompañarlos activamente en el riesgo hacia las novedades (Coromines y Viloca, 2003; 2008).

Experiencia de fragmentación:

En el autismo, la dificultad para poder pensar de forma organizada a menudo está relacionada con la dificultad para poder tener experiencias continuas y conectadas dentro de un todo experiencial. Esto quiere decir que las experiencias físicas y mentales suelen ser vividas de forma aislada unas de las otras. De esta fragmentación se deriva la gran dificultad que tienen estos pacientes para generalizar la experiencia, para captar la globalidad y aplicar un patrón lógico a lo que sucede en su entorno. Hay pacientes que plantean este conflicto sobre las conexiones mentales en sus obras, donde se refleja el gran esfuerzo que tienen que hacer para encontrar estos circuitos organizativos que a ellos no les sale de forma natural.

De igual manera, su agenda personal es como una especie de cajón desastre desordenado y lleno de cosas poco útiles, que de alguna manera representa su estado mental, caracterizado por la dificultad para seleccionar las informaciones que reciben y ordenar las experiencias personales. La posibilidad de ordenar esta caja, de escoger lo que se necesita y lo que no, lo que es importante o no, a veces los libera y de forma paralela les permite percibir que su caos interior ha sido contenido y ordenado. La experiencia global del arteterapia puede ayudar a hacer esta integración de las partes, al ver que el cuerpo se vincula al movimiento y este a la representación.

Baja tolerancia a la frustración:

La dificultad para simbolizar y para integrar el pensamiento lleva a estos pacientes a presentar dificultades para tolerar la dureza de la realidad que choca con sus deseos e intereses. En las sesiones de arteterapia los pacientes tienen que lidiar necesariamente con la frustración, aun cuando no lo deseen, ya que los materiales tienen una realidad física concreta con las que se han de enfrentar para realizar su producción artística, lo cual posibilita ir encontrando un equilibrio entre lo que “la realidad me permite realizar y lo que yo deseo”.

A menudo hay niños con autismo que quieren construir estructuras muy altas, pero sin la precaución de construir una base sólida, por lo que suelen caer. Con las sesiones de arteterapia se pretende reforzar la necesidad de pensar en la base, en lo que sustentará la materia, lo cual posibilita el que se cuestionen las propias bases y elaboren estructuras internas más eficaces.

El trabajo sobre el desajuste entre la fantasía y la realidad es importante en el trastorno del espectro autista, ya que la distancia entre lo que se quiere representar (la realidad) y la representación, a menudo genera frustración. Aceptar que hay una discrepancia entre la realidad y la representación no siempre es fácil. Hay pacientes que nunca parecen satisfechos con su producción, intentan mejorarla y se esfuerzan en perfeccionarla en un intento de hacerla igual a la realidad.

Repeticiones, rutinas y rituales:

En el tratamiento de niños con TEA es fácil verse rodeado de rituales y rutinas de difícil manejo. A pesar de que estos rituales deben ser entendidos como una manera de defenderse de un exterior que consideran amenazador y que, como defensas que son, no deben eliminarse, también hay que tener en cuenta que pueden necesitar de ayuda para poder salir de ellas. El arteterapeuta debe ofrecer estas posibilidades de cambio desde los materiales, con las diferentes formas de explorarlo y manejarlo: pintar en vertical, en horizontal, con mucha o poca agua. Motivarlos con las propuestas nuevas puede desbloquear una rutina enquistada.

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