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Septiembre: cómo sobrevivir a la vuelta a rutina

 

El síndrome postvacacional es un concepto clínico que nos indica que la persona padece un conjunto de síntomas que surgen como reacción a un cambio en su estilo de vida. Es decir, al cambio brusco del ritmo de vida vacacional a las exigencias de la vida laboral. El organismo necesita un tiempo para adaptarse a las exigencias de la rutina diaria y en este proceso aparecen algunas reacciones físicas y psicológicas que, siendo normalmente de corta duración, suelen generar algunas molestias a la persona que las padece.

Los síntomas más relevantes que se pueden observar son fatiga excesiva, ligera desmemoria, invencible sueño matutino, pérdida de atención, dolores musculares o dolor de cabeza, trastornos gastrointestinales, ligera ansiedad, tristeza, apatía, desánimo, falta de motivación o cualquier disconfort que no se sentía hace tan sólo unos días.

Cuando la actividad laboral no resulta gratificante o es excesivamente exigente, estos síntomas pueden alargarse y agravarse en el tiempo. Según algunos estudios para que el trabajador se sienta a gusto en su quehacer diario es importante que se cumplan una serie de características asociadas al la actividad laboral saludable. De entre las más importantes destacan la variedad de actividades, demandas laborales moderadas, oportunidad de utilizar las propias habilidades, autonomía, incertidumbre mínima, condiciones laborales dignas, retribución suficiente, amistad en el trabajo y una posición socialmente valorada. Así mismo, cuando las condiciones laborales se caracterizan por defectos de organización, monotonía, falta de interés y autonomía, posturas molestas, horarios inconvenientes, falta de comunicación, conflictos con los jefes, exceso de ruidos, manipulación de sustancias tóxicas, etc., se hace más difícil para la persona superar este periodo de adaptación y por lo tanto pueden aparecer el conjunto de síntomas anteriormente descritos.

En el caso de los niños es más extraño observar esta sintomatología dado que en las escuelas ya se procura hacer una entrada a la actividad académica progresiva. No obstante los síntomas son básicamente quejas somáticas como dolor de barriga, dolor de cabeza o pérdida de apetito o dificultades para conciliar el sueño. El papel de los padres es fundamental para proporcionar a los niños unos ritmos de sueño-vigilia y pautas alimentarias estables y adaptadas a los horarios escolares. Si esta adaptación se hace con unos días de antelación, nos aseguramos de que los niños puedan hacer el paso de la rutina vacacional a la escolar con total normalidad.

No sería extrañó observar que si los padres están bajo los efectos del síndrome de adaptación postvacacional el ambiente familiar esté alterado, con mayor frecuencia de conflictos o dificultades para dar normalidad a las obligaciones diarias, incluido el cuidado de los hijos. Así pues, el síndrome postvacacional puede tener un reflejo en la vida familiar.

Dadas estas condiciones existe una serie de recomendaciones que pueden ayudar a mejorar la respuesta de la persona ante el fin del periodo vacacional.

Aclimatación progresiva al nuevo ritmo de vida. Aceptando que van a aparecer imperfecciones y equívocos ya que todos se está en periodo de readaptación

Programar una agenda laboral equilibrada, evitando el aislamiento. La conversación es muy importante y más presente este síndrome, si ha de entregar información a algún compañero

Pautas nutricionales equilibradas: beber mucha agua; evitar bebidas excitantes, excesos de tabaco o alcohol, comida basura, etc.
No reincorporarse de golpe al trabajo, sino hacerlo de forma progresiva varios días antes de regresar a la actividad.
También puede ser útil entrenarse en alguna técnica reductora de ansiedad: autohipnosis, yoga o meditación, entre otras.

 

Òscar Asorey
Psicólogo coordinador del Máster en Psicología Clínica y de la Salud y director de ISEP Clínic Reus

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