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‘La máquina de los pensamientos’ por Miguel Ángel Manzano

La máquina de los pensamientos es una manera que pretende ser “divertida” de nombrar a la mente. La denomino máquina para deshumanizarla. ¿Y por qué?  Porque en ocasiones nos culpabilizamos o enfadamos por pensar de determinada manera, pero en realidad es la máquina de los pensamientos la que nos ofrece esos pensamientos.

¿Cuál es la función de esa máquina? La mente forma parte del complejo organismo del ser humano, y todo ese conjunto tiene una función muy clara, la supervivencia. Desde la aparición de la vida en el mundo toda la evolución ha estado al servicio de la mejor adaptación del individuo a su entorno. Por tanto, durante milenios de evolución los organismos se han vuelto más eficaces para conseguir este objetivo.

La mayoría de las personas aceptan que el cuerpo humano es como es porque es la manera más óptima de supervivencia (dedo oponible, bípedos, etc.). ¿Y si la mente es como es porque es la forma más útil de la supervivencia? ¿Y si la mente humana no es más que una máquina que tiene como objetivo fabricar supervivencia?

Planteo esto porque durante mucho tiempo se ha defendido que mente y cuerpo son entidades diferentes. Pero quizá sólo lo son en apariencia y no en función, porque los dos trabajan a la par para conseguir que el ser humano sobreviva.

Sabemos que son un todo porque funcionan de forma conjunta. Es muy complicado que una persona experimente preocupación intensa sin que su cuerpo se active. De la misma manera que si nuestro organismo por los motivos que sea se activa, es prácticamente imposible que nuestra mente se esté dedicando a recordar de manera fluida las mejores vacaciones de nuestra vida.

Frente a una situación que es percibida por todo el conjunto del organismo como un potencial peligro, nuestro cuerpo reacciona activando lo que denominamos ansiedad para favorecer la respuesta de lucha o huída. De la misma manera en ese tipo de circunstancias la mente lo que hace es aportarnos los pensamientos que incluyen soluciones.

¿Dónde está el problema? En que a veces los pensamientos que nos ofrece la mente con ánimo de protegernos son desagradables, igual que en ocasiones las sensaciones de la ansiedad también lo son. Pero eso no quiere decir que sean negativos, porque la mente siempre trabaja a favor de nuestra supervivencia.

Aprender a reconocer los grandes esfuerzos que hace nuestra mente para mantenernos sanos, puede hacer que no nos moleste tanto cuando para intentarlo nos ofrezca pensamientos que son desagradables. Aprender a ser agradecido a la mente por sus intenciones puede hacer que la convivencia inevitable con ella sea mucho más amena, por más que en ocasiones sus intereses sean diferentes de los nuestros.

¿Puede tener la mente intereses distintos a los nuestros? Aunque pueda parecer extraño lo cierto es que podemos experimentar en nuestro interior incoherencia (de hecho es lo que experimentamos todos en un momento determinado y de manera más intensa las personas que sufren un trastorno psicológico). Esta incoherencia es fruto de intereses puntuales distintos, por un lado tenemos a un ser humano que pretende conseguir sus objetivos vitales, y por otro la máquina de los pensamientos, intentando que el mismo ser humano se ahorre cualquier tipo de malestar. Supongo que el conflicto es evidente; es difícil que un ser humano no se tenga que enfrentar a algún tipo malestar (más o menos intenso) para conseguir sus objetivos. Y cuando ese mismo ser humano se proponga intentar luchar por sus objetivos ¿qué hará el organismo? Pues sí, protestar, y lo hará desde dos frentes complementarios. Desde el cuerpo mediante la reacción emocional, y desde la mente presentándonos una serie de alternativas o pensamientos que nos intentan “convencer” de que desistamos de nuestro intento.

Otras ocasiones cuando ha sucedido algo indeseado nuestra mente intenta que no tengamos que hacernos cargo y se dedica a intentar resolverlo. A veces esto es muy útil y podemos cambiar las cosas para que lo que sucediera en el pasado no tenga mayores consecuencias, pero otras cuando nada se puede hacer, puede pasar que la mente se dedique a intentar ¡cambiar el pasado! Y obviamente no se puede conseguir. No parece buena idea enfadarse con la máquina de los pensamientos por ofrecerte una gran cantidad de pensamientos sobre qué se podría haber hecho o como sería las cosas si no hubieran sucedido, porque a fin de cuentas lo único que pretende es que el ser humano haga algo para cambiar las cosas.

Cuando la mente nos quiere sobreayudar y nos genera situaciones imposibles (cambiar el pasado, evitarnos malestares inevitables, etc) el reto es educar a la mente para hacerle “entender” que no vamos a destinar más tiempo a esfuerzos que si bien serían muy interesantes si fueran productivos, pero que nos impiden vivir con calidad de vida, o afrontar nuestros  retos personas.

Y esto es lo que persigue la terapia reaprender a relacionarse con los pensamientos, de tal manera que seamos conscientes de las “buenas intenciones” de nuestro organismo pero sin tener que ser siempre coherente con lo que sentimos o pensamos.

 

Miguel Ángel Manzano
Psicólogo profesor del Máster en Psicología Clínica y de la Salud de ISEP y psicólogo de ISEP Clínic Barcelona.

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