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La contención física: cómo hacer un buen uso terapéutico

Máster en Psicoterapia Cognitivo Conductual

En diferentes trastornos nos podemos encontrar con pacientes que deben enfrentarse a situaciones superiores a los recursos que tienen para afrontarlos. Por ello, pueden entrar en una crisis que desencadene una explosión conductual. Estas crisis, pueden deberse a una falta de control de impulsos o de gestión de las emociones, dificultades para aceptar los límites (en niños y adolescentes sobretodo), en mostrar conductas prosociales, poca tolerancia a la frustración e inmediatez,  falta de habilidades para la planificación o dificultades en el aprendizaje por ensayo y error.

La contención física, es un recurso terapéutico que se utiliza en situaciones extremas para mantener bajo control conductas que implican un peligro elevado para el propio paciente, para otros, o para profesionales que estén trabajando en la zona. Asimismo, debemos tener muy claro que la contención se realiza después de que todas las otras técnicas y medidas alternativas que se hayan tomado, hayan fracasado.

Si el riesgo que se percibe es bajo, se realizaran medidas básicas de seguridad como evitar que haya objetos cercanos al paciente que puedan ser usados como “armas”. Si el riesgo se percibe como medio, empezaremos a usar medidas de contención verbal, mostrando una actitud tranquila y afable, segura y firma, sin ser desafiante o autoritario. Finalmente, si el riesgo percibido es alto, intentaremos simplemente sujetar al sujeto o aislarlo del contexto que ha provocado la crisis. Así pues, se recorrerá a la contención física cuando la conducta del individuo ponga en peligro su integridad o la de otra persona.

Las principales medidas para la prevención de daños físicos en los individuos que presentan una crisis conductual son:

– Alejar objetos que puedan ser peligrosos (gafas, bolígrafos, relojes, anillos, portátiles, tijeras, etc.)
– Reducir estímulos que provoquen inquietud (luz, ruidos, actividades).
– Tener un espacio de referencia donde poderse tranquilizar, aislarlo o contenerlo (tanto físico como verbalmente).
– Disponer de mecanismos para avisar a otros en el caso de necesitar ayuda.
– Evitar usar el cuerpo como escudo propio.
– Mantenerse alerta, no relajarse aunque la situación parezca más controlada.
– No dar por finalizada una crisis hasta que no estemos del todo seguros.
– Acercarse siempre por delante del individuo.

Una vez se hayan realizado todas las medidas preventivas posibles, tendremos en cuenta las medidas para la sujeción física. Ésta, puede ser des de un solo miembro (como el brazo) a la totalidad del cuerpo. Siempre debemos iniciar la contención verbalmente y anunciar la intensidad de la contención. También, en el caso de que se realice la contención con más de un profesional, sólo debe dirigirla una persona, a poder ser la que tenga mayor vínculo con el paciente en crisis.

Si se coge de los brazos, es mejor que la sujeción sea por las muñecas y no por las manos. De esta manera, si queremos aislarlo del lugar donde ha explotado, podremos situar una de sus manos en la nuca y la otra en la espalda, acompañándolo al caminar con nuestra propia inercia.

Si hemos podido llegar al entorno de referencia antes comentado, trataremos de soltarlo y volver a realizar contenciones verbales, señalando que entendemos cómo se siente y que a nosotros tampoco nos gusta tener que realizar la contención.

En los casos en que la agitación sea tan elevada como para que la sujeción no sea suficiente, el sitio más seguro para el paciente es el suelo. De esta manera, lo acompañaremos al suelo apretando su gemelo con nuestro pie o con nuestra rodilla, suavemente, hasta que logremos tenerlo boca abajo. Una vez estemos en el suelo, lo más seguro para el individuo es que su cabeza este de lado con la mejilla tocando el suelo y aguantándole la espalda. Así, evitaremos autolesiones como cabezazos o morderse.

En el suelo, le hablaremos al paciente de forma calmada y serena, y reforzando positivamente cualquier intento que haga para estar más relajado. De esta manera, se le ira avisando de que poco a poco la presión que realizaremos será menor, pero que si incrementa su fuerza nosotros deberemos volver a realizar más presión en él.

Finalmente, cuando observemos que el paciente empieza a volver a su estado habitual, lo conduciremos de nuevo a un lugar tranquilo y seguro, sin dejar de observar su nivel de tensión. En función de la problemática del paciente, trataremos de abordar lo que ha pasado en ese momento o se avisará de que se realizará a posterior o en otra visita.

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