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Un caso de mutismo selectivo

máster en logopedia educativa

Se puede definir el mutismo selectivo como la dificultad que presentan algunos niños y niñas para comunicarse verbalmente en entornos y situaciones sociales poco familiares y/o con personas poco conocidas. Esta definición indica, por una parte, que los niños con mutismo selectivo tienen una competencia lingüística y comunicativa adecuada para su edad y, por otra, que esta buena competencia se manifiesta habitualmente en el entorno familiar próximo, pero no se manifiesta en otros ambientes y con otras personas menos conocidas.

Muchos de los niños y niñas con mutismo selectivo suelen presentar, además, algunos rasgos de personalidad característicos como timidez, retraimiento social, dependencia, perfeccionismo, etc., que en el caso de concurrir en el pequeño/a, pueden agravar el problema o contribuir a su consolidación. Esta inhibición del habla raramente remite de forma espontánea y puede prolongarse durante mucho tiempo si no se interviene. Es de vital importancia en estos casos el papel del profesional de la logopedia con formación en logopedia educativa.

El mutismo selectivo conlleva altos niveles de sufrimiento personal, y tiene como consecuencia, importantes problemas de adaptación al entorno. Puede mediatizar el desarrollo afectivo-emocional y repercutir negativamente en el desarrollo social, personal y académico del niño/a.

El mutismo selectivo es un trastorno a caballo entre la psiquiatría, la psicología y la logopedia. Aunque habitualmente el diagnóstico pertenece al ámbito de la salud mental (un trastorno de ansiedad), el logopeda sabe detectar y discernir las características diferenciales de este problema y, sobre todo, al tener experiencia en la recuperación de los trastornos relacionados con el lenguaje y la comunicación, puede lograr que ese lenguaje inhibido fluya y se restablezca haciendo uso del mismo.

A continuación, se cita un caso de mutismo selectivo:

Datos del paciente:

– Niño de 5 años, en primer curso de educación infantil.

– Tiene una hermana de pocos meses.

– Hasta el momento ha sido el único niño en la familia y sus relaciones con los iguales estaban muy limitadas.

Origen y evolución del problema:

Hacia los dos años y medio, los padres y maestros se dan cuenta de que el niño no se relaciona igual que el resto de los pequeños de su edad (a pesar de que en el entorno familiar se relaciona, se comunica e interactúa de manera adecuada para su edad).

Presenta antecedentes y modelos familiares característicos, por ejemplo, su padre verbaliza que de pequeño era igual que su hijo (se define como muy tímido, dejando de hablar incluso delante de sus tíos). Además, en la actualidad se caracteriza por sentirse incómodo en determinadas situaciones sociales. Su madre se caracteriza por ser extrovertida, pero a pesar de eso muy protectora, y su coletilla cuando salían de casa era “mucho cuidado con los desconocidos”.

Mantenimiento del problema:

– Los padres, otros adultos o niños hablan por el niño.

– Interpretan sus gestos o adivinan lo que necesita.

– La no participación en actividades con otros niños.

– El alivio de la aversión en todas las ocasiones anteriores.

Características:

– No habla (comunicación verbal) ante personas que no son de su entorno familiar.

– Habla pasados unos minutos ante personas familiares con la que se relaciona poco.

– Habla siempre con su familia más cercana (padres) en la mayoría de lugares o situaciones.

Análisis funcional:

Situación

– Alguien que no es de su entorno familiar le saluda.

– Está jugando en el parque y acuden niños al lugar en que se encuentra él.

– Juega en el parque mientras merienda sin mediar palabra (comunicación verbal) con nadie.

– Respuesta fisiológica: tensión muscular corporal y facial.

– Respuesta cognitiva: no se conoce de manera exacta ya que no le preguntamos al niño.

– Respuesta motora: Escape/Evitación (no responde a las peticiones, no contacto ocular, agacha cabeza, se esconde, se sitúa cerca de sus padres, se aleja de otros niños…).

– Consecuencias: Internas > obtiene refuerzo negativo, ya que el niño realiza conductas a través de las cuales elimina el malestar que está experimentando (sobre todo la tensión). Externas > obtiene refuerzo negativo, ya que, a través de las conductas del niño, normalmente los adultos hacen cosas (facilitarle la situación) que le ayudan a eliminar su malestar.

A los padres se les explica a través de la nomenclatura “la trampa”, que a corto plazo alivio inmediato y/o refuerzo social. A largo plazo mantenimiento del problema.

– Contingencias: el patrón de refuerzo es intermitente, ya que cuando se encuentra ante personas desconocidas le ofrecen el refuerzo negativo, pero ante sus padres este refuerzo no existe.

Intervención

A través de los datos tomados de la evaluación, los objetivos formulados y los recursos humanos y materiales, la intervención se establece a través de las siguientes técnicas: aproximaciones sucesivas, desvanecimiento del estímulo, moldeado, desensibilización en vivo, control de contingencias y refuerzo positivo.

Primeramente, se realizó una la psicoeducación a los padres y entorno escolar, junto con el moldeamiento y refuerzo positivo. Se establecieron pautas tanto para el ámbito escolar como para el ámbito familiar: las pautas en el ámbito escolar principalmente son actividades para la estimulación del habla que se pueden realizar dentro del aula, así como pautas para todo el profesorado que esté en contacto con el niño con la finalidad de no reforzar el problema y mejorar la conducta verbal, mientras que, a nivel familiar la pauta inicial fue modificar la “vida social” de la familia, fomentando en el tiempo libre y de ocio más actividades sociales y de relación con iguales.

Asimismo, se concretó la intervención a través del desvanecimiento estimular junto con el reforzamiento positivo en el aula, marcándose los siguientes objetivos: a) Iniciar y mantener la CV en cualquier situación social, b) Mejorar sus relaciones sociales y disminuir su tensión al establecer contacto social.

En las sesiones de logopedia, se empezó con objetivos fáciles y pequeños para poder proseguir en los objetivos posteriores y más complejos. Por ejemplo, se empleó el lenguaje corporal y escrito como medios para aumentar la expresión de lo que al niño le estaba sucediendo. Si quería solucionar su problema tenía que escribir mucho más, moverse y/o expresarse. Se consiguió a base de juegos.

Luego, se aplicó la imitación de películas con lenguaje no verbal y con mímica. El paciente realizó diálogos en donde interaccionó con la logopeda, representando historietas, películas, juegos, música y baile, ejercicios físicos de saltos y flexiones para dar tono y expresividad a todo aquello que se le pedía. De este modo, la comunicación poco a poco fue pasando de lo escrito y gestual a sonidos (aunque a veces raros) que cumplían la misma función comunicativa.

Paulatinamente, se fue retirando la escritura y realizó una aproximación más natural del habla, aunque inicialmente fue sin voz donde hubo que manejarse haciendo lectura labial y lenguaje no verbal. Así con el paciente, que no era capaz de toser, lanzar besos, bostezar, chascar o mantener la mirada tuvo que comenzar a ejercitarlo y a comprobar que era capaz de realizarlo.

Finalmente, comenzó a emitir sonidos vocálicos, a decir palabras repetidas y alguna espontánea con un volumen de voz bajo y con mala articulación. Cabe destacar que fue fundamental hacerle partícipe de su progreso y que sintiera que tenía las riendas de su lenguaje.

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